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¿Estamos en cuarentena o no en el Reino Unido? ¿Tenemos claras las reglas o alguien las ha dejado en el aire deliberadamente?

AFP

Las muertes se acercan al millar diario. El primer ministro está hospitalizado. El heredero de la Corona ha pasado por el trance. Y sin embargo los británicos siguen en un preocupante estado de no panic ante el coronavirus que uno no sabe muy bien a qué a atribuir: si al cerrojazo tardío y a medias del Gobierno, si a la mano blanda de la policía o si a esa perpetua situación de extraña normalidad desde que empezó todo.

Los padres siguen jugando con sus niños en los parques. Los mayores se lanzan a la calle como si tal cosa. Los ricachones se exhiben en sus descapotables aprovechando el buen tiempo. El tráfico ha bajado, es cierto, pero el ronroneo de la marabunta motorizada no cesa ni por la noche.

¿Estamos en cuarentena o no? ¿Tenemos claras cuáles son las reglas o alguien las ha dejado en el aire deliberadamente? ¿Es acaso mejor así, con un resquicio de libertad, o es preferible el estado policial que se ha instalado en las calles españolas?

Más de 750.000 británicos se han ofrecido voluntarios para ayudar al Servicio Nacional de Salud (NHS). Los gestos de solidaridad llenan los periódicos, pero tampoco existe aquí esa sensación de hacer piña a la hora de la verdad. Los aplausos a los médicos y a las enfermeras se escuchan muy lejanos. Ves las luces por la noche y se diría que cada cual está metido en su mundo, que nada extraordinario está realmente pasando.

Eso sí, al menos aquí nos ahorramos esa mezcla letal 'a la española': coronavirus y crispación política. Todo esto le ha pillado a la oposición laborista con la guardia baja. Pero ni Jeremy Corbyn quiso montar un pandemónium con el coronavirus ni su sucesor Keir Starmer está dispuesto a hacerlo. Duele desde lejos contemplar el cainismo perpetuo de la política española. Es muy triste convertir una tragedia en arma arrojadiza. Estamos en tiempo de silencio, seamos respetuosos.

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