El presidente del PP ha regresado de su gira por algunos países latinoamericanos con la intención de poner en marcha su Alianza por la libertad en Iberoamérica, con la que pretende estrechar lazos con partidos y líderes del centro derecha moderado del continente, como alternativa al bloque chavista e indigenista agrupado en el conocido como Grupo de Puebla. La iniciativa tiene un interesante elemento de proyección internacional para el PP y un alto contenido ideológico de combate contra las posiciones de la izquierda populista que tienen su proyección en partidos antisistema como Podemos, cuyo nacimiento está estrechamente vinculado al régimen bolivariano de Venezuela.
Sin embargo, Pablo Casado no puede intentar opacar con giras como esta los verdaderos problemas a los que se enfrenta su partido. Aunque en una aparente tregua, Génova mantiene vivo un conflicto con Isabel Díaz Ayuso, a la que está bloqueando de forma incomprensible su acceso al liderazgo del partido en la Comunidad de Madrid. Fruto de este enfrentamiento, algunos sondeos están reflejando ya una sensible caída en la intención de voto al PP, en favor de otras opciones como Vox, al que se empeñan en demonizar desde la filas populares. Casado debe ser consciente de que la única forma de desalojar del poder a Pedro Sánchez pasa por resolver sus propias contradicciones internas.
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