MADRID
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El Madrid macarra

La banda de los Ojos Negros: palizas, 'spaguetti westerns', Camilo Sesto y un líder asesinado en Plaza Castilla

Con el boxeador Dum Dum Pacheco entre sus filas, cobraban deudas, extorsionaban y daban palizas. Su líder fue el peligroso Ángel Luis Telo.

Dum Dum Pacheco, uno de los integrantes de la banda de los Ojos Negros.
Dum Dum Pacheco, uno de los integrantes de la banda de los Ojos Negros.Macarras interseculares
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La banda de los Ojos Negros fue una pandilla callejera del sur de Madrid que cobró gran renombre tanto en las calles como en los medios desde mediados de los sesenta hasta los primeros setenta. La trasferencia de sus hazañas desde el ámbito oral hasta el papel se inició ya con los artículos de la época, que fomentaban el terror con respecto a estas bandas compuestas de «gamberros» pues, como afirma un texto de 1968: «decir gamberros supone pandilla, porque esa especie no prolifera sin la impunidad que da la cuadrilla». En palabras del boxeador Dum Dum Pacheco, quien fuera miembro de la banda en su momento: «Entonces, nada más que se hablaba del Lute y de los Ojos Negros».

Los Ojos Negros aparecieron citados en algún artículo de Moncho Alpuente; en libros de Antonio Ferres; y, años más tarde, en la autobiografía de Camilo Sesto, Camilo (1985) (ellos apoyaron y protegieron al cantante en sus primeros años en Madrid); en la obra Elvis Presley (1996), de Gaspar Fraga, y en la biografía Eduardo Haro Ibars: los pasos del caído (2005). Curiosamente, en la actualidad, su nombre reaparece de modo recurrente y existen diversos libros que relatan sus andanzas; yo mismo hago referencia a ellos en Macarras interseculares (2020), al tiempo que ha sido reeditada la autobiografía de Dum Dum, Mear sangre (2021). Personalmente, oí hablar de ellos por primera vez de boca del Domi de Lavapiés (al que dedicaré en su momento un artículo íntegro) y de Alberto García-Alix.

Los Ojos Negros a nadie pertenecen, pues son fruto del folclore capitalino, viajando su nombre de boca en boca, siendo propiedad de todos y de ninguno a la vez. Como vemos, los Ojitos Negros han transitado incluso de pluma en pluma, y de la pluma al papel, desde hace ya mucho tiempo y repetidas veces.

El jefe de la banda

Ángel Luis Telo Ronda era el jefe, un indomable macarra cuya mirada penetrante y ojos muy negros sirvieron para bautizar a la pandilla. Ángel Luis vivía en la misma plaza de Legazpi, al lado del matadero municipal. Como tantos otros macarras de la época, aspiraba a ser moderno y vestía con chaquetas de cuero, cadenas, gafas oscuras, muñequeras y botines. Y, como tantos otros macarras de la época, trabaja en el mundo del cine como especialista haciendo el indio -literalmente- y cayendo de caballos al galope en spaghetti westerns sesenteros.

Hay que decir que, en aquellos años, cuando se rodaban westerns en España (no solo en Almería, sino también en la Pedriza de Madrid o en Esplugas City, Barcelona), muchos especialistas eran reclutados en bares de los bajos fondos. En palabras de Paco Marín, cámara en Perros callejeros (1977): «En Barcelona había una calle, que era el Paralelo. Ahí había dos bares, que se llamaban La Cubana y El Tabarca. Muchos macarras iban allí, porque muchos eran chulos de las vedettes que salían en los teatros de variedades. Tenían a las mujeres trabajando allí y su centro de operaciones eran estos dos bares. Ahí los enlaces sindicales se veían cada día y era donde apuntaban a la gente, porque tenías que estar sindicado en el Sindicato Vertical».

A la derecha, de pie con pajarita, Ángel Luis, el líder de los Ojos Negros, mira a la cámara.
A la derecha, de pie con pajarita, Ángel Luis, el líder de los Ojos Negros, mira a la cámara.EM

Muchos gitanos, por ejemplo, hacían de indios en películas del Oeste, al ser morenos de piel y saber cabalgar. En su caso, los chulos callejeros madrileños, carecían además de oficio y beneficio y, al existir por entonces la Ley de Vagos y Maleantes, veían con buenos ojos ser contratados periódicamente para excusarse ante la policía cuando esta les preguntaba a qué se dedicaban. «Somos extras y especialistas», decían ellos enseñando su identificación, algo que les evitaba pasar por la cárcel. Con todo, a pesar de haber desaparecido la referida ley, muchos personajes callejeros siguieron trabajando como especialistas, entre otras razones, al ser adeptos al peligro y por estar más que acostumbrados al dolor.

De Legazpi

Ángel Luis no era el más grande ni el más fuerte de los Ojos Negros, pero sí el más dominante, tenía madera de líder. Entre los muchos miembros del grupo estaban los hermanos Revilla, el Vikingo, el Apache y Dum Dum Pacheco, como ya dije. Casi toda la banda era de Legazpi, excepto Pacheco, que vivía en Carabanchel, no muy lejos de ahí. Se dice que los Ojos Negros contaban con un tugurio junto al río Manzanares, que ellos llamaban la Choza, y se ha dicho, también, que, cuando la policía andaba tras sus pasos, tanto Ángel Luis como otros pandilleros se refugiaban en el club de la Paloma, salón de la Parroquia, en calle Toledo 98, donde un sacerdote les daba cobijo.

Ángel Luis era problemático, se dedicaba con otros Ojos Negros, a extorsionar a dueños de discotecas, a cobrar pellas, a ajustar cuentas y a intimidar a cambio de dinero. Sus encuentros con la justicia fueron numerosos. Ya, por el solo hecho de vestir como lo hacían, los Ojos Negros eran llevados a menudo a la famosa Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol, donde la policía franquista les daba grandes palizas.

Un balazo

En 1968, Ángel Luis protagonizó un incidente en la barra americana Carnaby St, en la calle Londres. Recibió un disparo de bala tras promover «un gran escándalo». La bala atravesó su cadera y se alojó en el vientre. Después, en 1981, fue detenido junto con otros dos individuos, por montar un «casino al aire libre» en la Plaza de la Lealtad, frente al hotel Ritz. Portaba 337.000 pesetas atadas con una goma dentro de un calcetín. A los malhechores les fueron intervenidas 355.400 pesetas, naipes, un tapete verde, una navaja y otros efectos. En otras ocasiones fue detenido, también por tráfico de drogas.

Ángel Luis era un sujeto impulsivo, pendenciero y agresivo -muy probablemente un psicópata no diagnosticado- que vivió temerariamente, y también así murió. Según Dum Dum Pacheco: «A Ángel Luis le mataron a tiros. Murió en 1985. Fue a buscar a uno que le había hecho una putada en la cárcel. Y entonces el tonto fue con un Renault 5 a buscar al tipo ese a Plaza Castilla. Preguntó por todos los sitios, con la mala suerte de que la mujer que atendía allí en un quiosco de periódicos era la madre del chico al que estaba buscando. Más tarde, cuando estaba esperando tranquilamente, llegó el otro y le descargó la pistola. Lo mató y cogió el coche. Se lo llevó al hospital y lo tiró de una patada, lo dejó ahí, y se marchó».

Hay quienes tienen otras teorías, pero lo cierto es Ángel Luis falleció resultado de una pendencia, algo que se veía venir. Tras ser agredido, alguien depositó su cadáver a las puertas del Hospital 12 de octubre. Su cuerpo sin vida presentaba cinco impactos de bala y una herida producida por objeto cortant

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