MADRID
Del moro al foro
Opinión

El refugio de Díaz Yanes

PREMIUM
Actualizado

Cuando la actualidad se pone insoportable me acuerdo de Díaz Yanes, la España sin trincheras que se nos cae de los bolsillos

DE TODAS las tardes que salgo a buscar Madrid en Madrid, encuentro alguna ausencia. La ciudad se ha convertido en un escaparate de lo que no está. Madrid tampoco tiene naranjos, prohibieron los toros en septiembre, se extinguen los tablaos flamencos, y de este cobertizo de terrazas apiladas adornado por los farolillos de los esloganes políticos, se esfumó Díaz Yanes, que solía sentarse en el filo de los vasos. A los bares les falta su presencia de socorrista de las conversaciones, el balanceo de sus pies mojados en whisky, esa jerarquía de los silencios, la onda expansiva de sus miradas. Hace más de un año, cuando absorbimos el vocabulario de las uvis, una noche, alguien dijo no sé qué de los «asintomáticos», hizo una valoración de «riesgos», pronunció la palabra «gotículas», y el cineasta tomó un taxi de vuelta sin mirar atrás, como si hubiera alcanzado en marcha una diligencia que pasaba al galope por Rafael Calvo. Desde entonces, hiberna en lo alto de Chamberí, la cumbre desde la que ha visto nevar y ha escuchado ulular las ambulancias y ahora tiene debajo el jaleo de los borrachos que andamos un poco huérfanos de su voz, del metal grave de las tertulias. Los hinchas que esperamos a que se asome para chapar por fin la excepcionalidad.

«En las películas tiene que pasar algo», dice cuando se le pregunta por alguna de las producciones contemplativas que saborean los expertos del streaming. Marca la Y sobre esas cintas fáciles de olvidar. El cine se pone estupendo mientras él oposita a los diálogos, tableteando el teclado sobre el que estrella los dedos que firmaban en Toronto autógrafos de tabaco. Suele ser reservado sobre lo que está escribiendo y el director amanece en una escena de la que no se levanta hasta tarde apretando el gatillo del qwerty: su casa suena como sonaba Chicago el día de la matanza de San Valentín.

Cuando la actualidad se pone insoportable, me acuerdo de Díaz Yanes, la España que se nos cae de los bolsillos. La pandemia mete en sus casas a la generación que salió de las trincheras para no volver nunca. A veces contesta los sms y a veces no, como si culpara a sus amigos de haber desperdiciado cierto legado. Permitimos a los políticos usar metáforas excesivas. Escribimos por bandos. Díaz Yanes se esconde de «la capital del mundo» (Hemingway), del «poblachón manchego» (Cela), hasta que pase el virus y la ansiedad.

Conforme a los criterios deThe Trust Project

Saber más
España"Van a pasar cosas"
Considerando en fríoIdus de marzo en la oposición
Correr la millaLa isla de los muertos

Comentarios

Esta noticia aún no tiene comentarios
Sea el primero en dar su opinión