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El futuro de Ucrania y el de TikTok se decide en las elecciones de medio mandato en EEUU

Los desencuentros entre republicanos y demócratas alrededor de la ayuda destinada a Kiev pueden disparar la tensión política y contribuir a paralizar el Gobierno

Un cañón ucraniano abre fuego en Bajmut.
Un cañón ucraniano abre fuego en Bajmut.BULENT KILICAFP
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El 19 de febrero, cuando aproximadamente 200.000 soldados rusos estaban rodeando Ucrania, el escritor J.D. Vance, transformado en republicano pro-Trump, tuiteó: "Voy a ser sincero. Me da igual lo que pase en Ucrania".

Vance estaba entonces lanzando su campaña al Senado por Ohio, después de ganar unas complicadas primarias en las que el dinero del multimillonario de Silicon Valley Peter Thiel, que prácticamente ha pagado la totalidad toda su operación electoral, no fue tan útil como el respaldo de Donald Trump. Su tuit ha quedado para la Historia de las pifias electorales. Cinco días después de que Vance lo colgara, Rusia invadía Ucrania. Y el candidato se daba cuenta de que a 41.000 votantes de Ohio que son de origen ucraniano sí les importaba lo que pasara en el país de sus antepasados, máxime si se trataba de una guerra devastadora acompañada de saqueos y de violaciones en masa.

Siete meses y medio después, es probable que Vance se arrepienta de aquel tuit. Según las encuestas, lleva unos cuatro puntos de ventaja a su rival demócrata, Tim Ryan, lo que supone, a ojo, alrededor de 160.000 votos. Es un margen que entra dentro del margen de error, así que le hubieran venido muy bien los 41.000 descendientes de ucranianos de Ohio que, según la prensa estadounidense, van a votar en su inmensa mayoría por Ryan debido, precisamente, al tuit del 19 de febrero.

Vance dijo que Ucrania le daba igual. Y la semana pasada, la estrella republicana Marjorie Taylor-Green, de Georgia, dijo que si ese partido toma el control del Congreso, no le va a dar "ni un centavo" a Ucrania. En el mitin participó también Donald Trump, que podría anunciar su candidatura a la Casa Blanca el martes de la semana que viene, y que en febrero, justo antes de la invasión, calificó la estrategia de Putin de "brillante".

Los ejemplos de Vance, Taylor-Greene y Trump son extremos, pero forman parte de una corriente muy importante dentro del Partido Republicano, que pasa por dejar de lado a Ucrania, alegando que EEUU tiene que destinar el dinero que está dando a Kiev a construir el muro con México o frenar la llegada de fentanilo - un opiáceo extremadamente mortal que está causando decenas de miles de muertos cada año - de ese país y de China.

La controvertida ayuda a Ucrania

El viernes, el candidato republicano al Senado Blake Masters - otro candidato cuya campaña ha sido costeada casi en exclusiva por Thiel - se preguntaba por qué su rival demócrata Mark Kelly "puede encontrar 50.000 millones para proteger la frontera de Ucrania pero no 10.000 para hacerlo con nuestra frontera con México". Incluso Kevin McCarthy, que tiene una increíble capacidad para nadar y guardar la ropa, declaró hace dos semanas que, si su partido gana el control de la Cámara de Representantes, no le darían un "cheque en blanco" a Kiev. Es una declaración significativa, porque es altamente probable que en enero McCarthy se convierta en el presidente de esa Cámara.

Todas esas declaraciones son música para Vladimir Putin, y motivo de aumento de la tensión sanguínea para los republicanos 'de toda la vida', para los que ayudar a un país aliado que además es una democracia de una invasión de Rusia es algo que no se discute. También son un motivo de confusión en la política estadounidense.

Parte del Partido Republicano es partidario, más o menos declarado, de Rusia. El actual paquete de ayuda de EEUU a Ucrania fue, de hecho, paralizado en mayo durante varios días por el senador Rand Paul, bien conocido por su simpatía hacia Putin. Y el empresario Elon Musk, que ha pedido el voto por los republicanos en estas elecciones, ha defendido en su red social Twitter la anexión por Rusia de parte del territorio de Ucrania y, también de Taiwán por China.

En Washington, sin embargo, hay consenso en que, aunque los republicanos alcancen la mayoría de la Cámara de Representantes y del Senado, la ayuda a Ucrania va a seguir. De hecho, el paquete de 40.000 millones de dólares (40.000 millones de euros, dado que ambas divisas valen lo mismo) aprobado en mayo será seguido, muy probablemente, por otro, de tamaño similar o incluso mayor, en unos meses. Incluso en el caso de que el Congreso se negara a darle 'luz verde' o dilatara su aprobación la Casa Blanca podría reorientar a esos fines otras partidas, como hizo Trump para financiar, precisamente, el muro en la frontera con México que defiende Masters.

Pero no es menos cierto que la ayuda a Ucrania puede convertirse en algo mucho menos consensuado que ahora. Si una parte del Partido Republicano empieza a bloquearla, la tensión política se disparará, y EEUU habrá dado una victoria propagandística a Vladimir Putin. Además, está el ala izquierda demócrata, que hizo un ridículo de dimensiones colosales hace dos semanas cuando pidió que Biden ignorara a Ucrania para negociar con Rusia un alto al fuego en una carta que retiró al día siguiente en medio de un bochorno político para la Historia. Trumpistas e izquierda pueden ser una alianza contra natura, pero que puede complicar la política hacia Moscú y Kiev de los lideres demócratas y republicanos, especialmente si se tiene en cuenta la capacidad para dar espectáculo de Taylor-Greene, en la derecha, o Alexandria Ocasio-Cortez, en la izquierda.

Un Congreso controlado por los republicanos no debería cambiar mucho la línea en política exterior del Gobierno de Biden, sobre todo porque la oposición no tiene una agenda muy clara en ese campo, con la excepción de la lucha contra la inmigración ilegal. Pero, como decía Tip O'Neill, que, con 10 años en el cargo, es la persona que ha sido presidente de la Cámara de Representantes durante más tiempo, "en política, todo es local". Si los republicanos logran el control de una o dos cámaras del Congreso van a lanzar una política obstruccionista, lo que incluye desde el cierre temporal de la Administración Pública por disputas presupuestarias hasta la convocatoria a declarar a todo el equipo de Biden, incluyendo al secretario de Estado, Tony Blinken, y posiblemente el lanzamiento de un 'impeachment' contra Biden. Todo ese círculo político tendrá pocas consecuencias prácticas, pero contribuirá a paralizar al Gobierno.

Cuba, Venezuela y China

Ucrania no es el único terreno en el que el cambio de la relación de poder en Washington podría ser visible. Es muy probable que un Congreso republicano endurezca la política de EEUU hacia Cuba y Venezuela. La oposición tiene mucho que ganar con ello. Por una parte, la mayoría de los inmigrantes y refugiados de ambos países simpatizan con ella. Por otra, si la relación entre Washington y Caracas vuelve a empeorar, es probable que el precio del petróleo suba. Y, si eso sucede, el estadounidense medio va a culpar a la Casa Blanca, no al Congreso. El matiz, de nuevo, es que es el Ejecutivo, no el legislativo, quien tiene el control casi absoluto de la política exterior. Eso hace que sea dudoso que vaya a haber cambios en la práctica, aunque eso no implica que no vaya a haber un deterioro de las relaciones, especialmente si se considera la personalidad de, por ejemplo, Nicolás Maduro o de Joe Biden, dos políticos con propensión al exabrupto..

Los republicanos quieren mostrar firmeza con China y, aunque ahí lo tienen muy difícil para ser más duros con Pekín que el Gobierno de Biden, sin al mismo tiempo dañar los intereses económicos de sus votantes, sí pueden lanzarse a por TikTok, la archipopular app de vídeos de la empresa ByteDance, que es prácticamente la única gran empresa tecnológica china a la que Biden no ha declarado la guerra.

Obligar a TikTok a usar solo servidores estadounidenses o a no mover un solo dato a China, o incluso forzar a la empresa a vender sus operaciones en EEUU, son ciertamente posibilidades que se podrían plantear en los próximos meses. Los republicanos, además, pueden actuar contra TikTok dentro de su esperada ofensiva contra las redes sociales, a las que consideran socialistas y sesgadas, con la excepción, claro está, de las que están controladas por sus aliados, como Twitter, de Elon Musk, y Parler, de Kanye West.

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