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Guerra en Ucrania

Vladimir Putin defenderá con armas nucleares sus nuevas fronteras ante la amenaza de Occidente, la "rusofobia" y los gays

El presidente ruso anuncia la anexión de las regiones separatistas en las que se celebró el referéndum

El presidente ruso, Vladimir Putin, ayer en la Plaza Roja de Moscú.
El presidente ruso, Vladimir Putin, ayer en la Plaza Roja de Moscú.AP
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Vladimir Putin acusó ayer de rusofobia al país que lleva siete meses bombardeando, amenazó al "satánico" Occidente con usar armas nucleares si no respeta su expansión en Ucrania y dio la bienvenida sin vuelta atrás a los que quedan vivos y no han huido de las nuevas conquistas rusas. "Las personas que viven en Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia serán nuestros ciudadanos para siempre", sentenció entre aplausos en la ceremonia oficial de anexión formal de cuatro regiones de Ucrania que actualmente ocupan parcialmente sus tropas invasoras.

"Llamamos al régimen de Kiev a poner fin a la guerra y volver a la mesa de negociaciones", dijo Putin, que avisó no obstante de que sus nuevas 'propiedades' no pueden regatearse. "La decisión de los habitantes debe ser respetada, Rusia no les traicionará". Así que no está claro que podría ofrecer Moscú en una negociación, salvo contener un avance que ahora en realidad se está produciendo en sentido contrario por el empuje de los ucranianos.

Hay riesgo de respuesta atómica. Si sus territorios son atacados, Rusia responderá "con todos los medios a su alcance". Y alegó que Estados Unidos había "creado un precedente" en el uso de la fuerza nuclear en 1945 con Hiroshima y Nagasaki. En aquella ocasión desde Washington se planteó que había sido para poner fin a la guerra de una manera rápida. Una tentación que podría tener ahora Moscú ante un escenario bélico donde en algún momento fue superior y ahora no tiene ningún éxito a la vista.

Con la anexión rubricada, que será refrendada por el Parlamento ruso la semana que viene, la posibilidad de una salida negociada se va por el sumidero. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, reaccionó al discurso del presidente ruso diciendo que jamás negociará con Rusia mientras Vladimir Putin sea presidente. El líder ucraniano también anunció que Ucrania iba a firmar una solicitud de adhesión acelerada a la Alianza Atlántica: "Adoptamos una medida decisiva al firmar la candidatura de Ucrania con vistas a una adhesión acelerada a la OTAN".

La propia constitución rusa prohíbe ceder suelo a otro país. Así que el país más pobre de Europa parece abocado a rendirse ante Moscú o encarar la amenaza de un ataque nuclear. Mientras, Putin no tiene ningún amparo legal para salvar la cara si sus tropas vuelven a experimentar unos retrocesos que parecen inminentes en varios puntos del frente.

La firma de ayer cambia las fronteras de Rusia y las expectativas de Europa Central, que se asoma a su invierno más peligroso desde el cambio de siglo.

"UN VERDADERO GENOCIDIO"

El territorio total que se anexiona Rusia tiene aproximadamente el tamaño de Portugal y supone el 15% de Ucrania. "En Zaporiyia y Jersón han sufrido un verdadero genocidio", denunció el presidente ruso para justificar sus nuevas conquistas. "La URSS no existe", abundó Putin en su furioso discurso, "no se puede volver al pasado, pero no hay nada más fuerte que la voluntad de estas personas de volver a su patria histórica".

Ya en el inicio de su alocución, Putin se mostró desafiante ante un Occidente donde avanza "el satanismo" frente a los valores tradicionales y que "busca preservar el sistema neocolonial" para dominar el mundo a través del dólar.

Putin se dirigió al país y la élite rusa, sentada frente a él con cara de circunstancias, desde la sala de San Jorge, una suntuosa sala del Gran Palacio del Kremlin, erigido en el siglo XIX. El líder ruso escogió el mismo lugar que marzo de 2014 cuando firmó los tratados de anexión de la península ucraniana de Crimea y su puerto militar de Sebastopol, esperando tal vez revivir el efecto de entonces. Aquel año Putin había conseguido una anexión incruenta de un territorio considerado como propio por algunos rusos y su popularidad se disparó mientras en Occidente algunos miraron para el otro lado. Ahora, tras lanzar en Europa la mayor invasión desde Adolf Hitler, hasta los más tibios del continente lo han señalado como un maleante. Y dentro de Rusia el reclutamiento masivo que prometió no hacer para relanzar una guerra que prohibió llamar por su nombre ha hecho huir despavoridos a más de un cuarto de millón de rusos en pocos días. Y ha indignado o desengañado al resto.

La estabilidad y la evolución a mejor del primer putinismo van camino de ser una reliquia. Putin ya no es aquel ruso orgulloso que señala los vicios de un Occidente demasiado arrogante, sino un autócrata que cada vez que se siente bajo los focos vomita una colección de fantasmas que difícil de entender para muchos rusos: "No quieren que seamos libres, quieren que seamos una colonia; no quieren una sociedad igualitaria, quieren robarnos", dijo en pleno berrinche.

El mismo líder que lanzó su ataque a Ucrania en febrero con el pretexto de que había que "desnazificarla", ayer trató de asustar a una población rusa preocupada por la inflación y el reclutamiento advirtiendo de que los gays europeos están casi a las puertas de Moscú. "¿Acaso queremos que en lugar de padres y madres tengamos aquí pariente número uno y pariente número dos? Nosotros queremos algo diferente", dijo Vladimir Putin, que proclamó que la misión de Rusia es "defender a nuestros niños de experimentos monstruosos diseñados para destruir su conciencia y sus almas".

Tanto tiempo pasó Putin hablando de los cambios de sexo, los bombardeos excesivos de los aliados sobre ciudades del Tercer Reich o la imposibilidad de calentarse con billetes de dólar que quedó sin aclarar dónde acaban sus fronteras. Si considera suya la totalidad de las cuatro regiones donde está luchando o si la nueva Rusia se acaba en las embarradas trincheras de esta noche.

Ucrania mantiene que no renunciará a su integridad, por lo que pronto habrá más batallas en una tierra maltratada por la guerra desde 2014. A los ucranianos se dirigió el ex presidente y actual 'número dos' del Consejo de Seguridad de Rusia, Dimitri Medvedev, con una amenaza de carambola nuclear, vaticinando que si la OTAN "no se detiene, una parte significativa de los ucranianos desaparecerá".

Al caer la noche, Putin se dirigió a miles de rusos en la Plaza Roja frente a un escenario adornado con las palabras "Donetsk. Lugansk. Zaporiyia. Jersón: ¡Rusia!". Allí volvió a rodearse de los portavoces más radicales del 'putinismo', que prometieron "tomar" y "saquear" más ciudades ucranianas en esta "guerra santa" cuyo final no se vislumbra.

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