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Guerra en Europa

Los ucranianos, sobre Gorbachov: "No es el líder ruso que debería haber muerto"

En medio de la guerra, Kiev observa con indiferencia la muerte de un mandatario cuyo legado fue clave para su independencia, pero con el que mantuvo una relación difícil

Mijaíl Gorbachov, leyendo su renuncia en Moscú.
Mijaíl Gorbachov, leyendo su renuncia en Moscú.VITALY ARMANDAFP
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Dmitro, impecable traje gris y zapatos bien lustrados, va camino a su puesto de trabajo en una sucursal bancaria en el centro de Kiev. En el semáforo del bulevar Taras Shevchenko se para a leer una noticia que anoche no llegó a leer. La muerte de Mijaíl Gorbachov: "Ha muerto un líder ruso, pero no el que debería haber muerto", dice con sorna y en perfecto inglés.

- ¿Era un hombre admirado en Ucrania?

- Gracias a él hoy somos libres e independientes. Putin quiere darle la vuelta a la historia y volver a ponernos bajo el poder de Moscú.

En ese mismo semáforo, rodeado de elegante arquitectura zarista, no todos opinan lo mismo. Sofía nos escucha hablar y se une: "Yo creo que fue un criminal. Cuando la URSS se desmoronaba lanzó la represión con tanques en las calles de los países bálticos, en Kazajistán y en Georgia. Yo estuve allí y sé de lo que hablo. Aquí en Ucrania nuestro poeta Vasyl Stus murió en una de sus cárceles. No puedo olvidarlo", cuenta visiblemente enfadada.

Masha, que aún no ha cumplido los 30 años, explica el punto de vista de la juventud ucraniana: "Está muriendo el pasado, esa Historia que nos pesa tanto aquí. Ahora estamos cargados de proyectos nuevos y Moscú ya no está en ellos. Todos sabemos quién fue Gorbachov, que nuestros padres lo respetaban pero aquello se acabó y su muerte lo simboliza".

Mijaíl Gorbachov, el hombre que saldó la Guerra Fría, a ojos ucranianos gestionó muy mal determinadas cuestiones delicadas, como el accidente nuclear de Chernóbil, la cesión de Crimea o las peticiones de mayor autonomía, tuvo una relación complicada con Kiev. En 2014, tras la ocupación rusa de la península, Gorbachov aplaudió aquel movimiento militar porque resolvía "el error de la entrega a Ucrania". Desde entonces, el último presidente de la URSS tenía vetada la entrada en Ucrania.

La esfera moscovita

Los políticos ucranianos demandaron a Gorbachov abrir el melón de la independencia de Moscú en 1980. Mijaíl Gorbachov se negó tajantemente y persiguió a aquellos que lanzaran cualquier tipo de iniciativa política que lesionara el férreo control de Moscú. "No puedo imaginar una Unión Soviética sin Ucrania", dijo en una entrevista al Washington Post en 1990. Meses después, George Bush visitó Kiev y dio un discurso muy recordado hoy: "Libertad no significa independencia. Ucrania necesita independencia". El mundo estaba a punto de asistir a la caída del imperio soviético.

Es precisamente un miembro del aparato represor de ese mismo imperio, Vladimir Putin, quien hoy condensa la frustración de esa pérdida, aún no digerida por una buena parte del pueblo ruso. "Nadie puede convencerme de que el pueblo ucraniano y el pueblo ruso no son el mismo pueblo", dijo el actual presidente en su amargo discurso previo a la invasión del 24 de febrero. Para el nacionalismo ruso, lo que perdió Gorbachov, un traidor para muchos, lo recuperará Vladimir Putin, autor de esta frase: "El que no echa de menos a la URSS es que no tiene corazón, el que pide su vuelta es que no tiene cerebro".

En el Kiev en guerra caen los monumentos soviéticos y se revisan los nombres de las calles para retirar los de ese pasado común con Rusia, pero lleno de malos recuerdos. "Ucrania puso muchos muertos, mucho sacrificio durante la URSS. Está claro que Gorbachov no era Stalin ni ha lanzado un Holodomor (hambruna inducida) contra la población, pero también nos quería bajo su órbita. Nosotros ya no enseñamos ruso a nuestros hijos como nuestros padres hicieron con nosotros. Son otros tiempos", dice Viktor, farmacéutico.

De hecho, los ucranianos están hoy más pendientes de los avances en el frente sur, donde su ejército mantiene una contraofensiva contra los ocupantes rusos, que de la despedida del Premio Nobel de 1990. De hecho, el presidente Zelenski sigue con atención la próxima visita de los miembros de la Organización Internacional de la Energía Atómica a la central de Zaporiyia ocupada por los rusos ajeno a la muerte de Gorbachov. En guerra, y más en una tan sangrienta como esta, ya no hay tiempo para nostalgias.

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