Hay quienes tendrán la tentación de pensar que es una política retirada. Craso error. Ana Palacio ni se retira ni se rinde. Al contrario, está más activa que nunca, y en más frentes que nunca: en la academia; en los centros de pensamiento; en los medios de comunicación y en la actividad profesional, todo ello a caballo entre Madrid, Washington y Bruselas. Todas esas vidas se las ganó a un cáncer incauto que osó enfrentarse con ella. Converso con ella en una mañana lluviosa y desapacible marcada por el segundo mes de guerra en Ucrania.
- Estamos ya en el segundo mes de una guerra terrible. ¿Cómo caracteriza lo que estamos viviendo?
- Es muy difícil precisar dónde estamos. Navegamos a vista y con bancos de niebla. Mi impresión es que hemos alcanzado un parteaguas profundo. Hay momentos en la historia en los que una situación actúa de catalizador y lo que estaba en suspensión precipita. La guerra ha actuado como catalizador de las tendencias y tensiones que se venían fraguando. Lo que todavía no está claro es el orden que va a salir. Esperemos que no sea un orden fundado únicamente en el poder, en el más fuerte. Y una compartimentación del mundo.
- El pasado 4 de febrero, 20 días antes de la invasión rusa, China y Rusia firmaron una alianza «sin límites». ¿Qué opinión le merece?
- Los europeos hemos construido nuestro futuro sobre una especie de amnesia, orillando la memoria. Por ello, a menudo minusvaloramos la historia. Sucede lo contrario con Rusia y con China. La historia pesa, y pesa mucho. Por eso considero que se trata de un matrimonio de conveniencia, a plazo.
- ¿La guerra nos va a obligar a detener temporalmente la transición energética o a acelerarla?
- En la Unión Europea, hemos vivido en un mundo burbuja, bajo asunciones idealistas, despreciando o dando por supuesta la seguridad energética, concentrados en ser portaestandarte de la transición energética y la agenda verde. Pues, está muy bien, pero resulta que no se puede. De acuerdo con las proyecciones de la Agencia Internacional de la Energía, la sustitución del gas ruso es difícil, y aunque no nos guste, además de gas natural, una parte irá a carbón. Esa idea de que podemos crear, ya, un mundo exclusivamente de renovables no es realista. El salto pasa por el hidrógeno y esa apuesta está ahí, pero queda por resolver la ineficiencia y el coste. Hay que ponerla en marcha, escalarla. Eso nos lleva a que la seguridad energética, en su sentido clásico, sea tan importante como la agenda verde.
- Alemania ha dado un giro radical en su relación con Rusia. ¿Cómo lo valora?
- Alemania ha sido un país excepcional. Hasta bien entrada la reunificación ha buscado su interés en el interés europeo. Con Angela Merkel, claramente cambia y se empieza a convertir en un Estado miembro normal que prima sus intereses puros y duros, y cambia la manera de formularlos. ¿Por qué no se ha hecho la Europa de la energía? Porque ni a Alemania ni a Francia, por su apuesta nuclear, les interesaba. Tradicionalmente, Alemania ha querido establecer cuantos más lazos con Rusia posibles, en la creencia de que así evolucionaría hacia nosotros. Luego, Merkel tomó la decisión de abandonar el nuclear y fiarlo todo a Rusia apostando por un suministro barato y continuo. Para garantía de continuidad, sin posibilidad de interrupciones en países de tránsito, construye los gasoductos marinos directos desde Rusia. Alemania, pensando en Alemania, contribuye a impedir una verdadera Europa de la energía.
- Hablando de decisiones, ¿qué opinión le merece la controvertida decisión que el Gobierno ha tomado el Sáhara?
- La forma me parece un desaguisado de principio a fin. Con ribetes bufos. No voy más allá porque desconozco cómo se ha precipitado. Pero comparto el clamor: los españoles no nos podemos enterar de las decisiones del gobierno a través del Palacio Real del país vecino. Dicho esto, España no ha reconocido la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. Su viraje está dentro del marco de Naciones Unidas. Sobre la mesa hay dos planteamientos. Marruecos propugna la autonomía, y el Frente Polisario propugna la independencia a través de referéndum. La posición oficial de España ha sido, hasta ahora, parapetarse en la neutralidad. Decir que no tenemos nada que decir. Ahora ha salido de esa neutralidad y dice que una de las dos opciones es mejor para salir del impasse.
- ¿Y entonces por qué dicen que no es un cambio si lo es?
- El cambio, insisto, es perfectamente compatible con la línea mantenida por el Consejo de Seguridad. Pero es un cambio político mayor. Y tenemos que tener un debate en España público, abierto y amplio sobre nuestras relaciones con Marruecos.
- ¿Y qué ocurrirá a partir de ahora?
- Marruecos es la relación exterior más importante y compleja que tiene España, y de saque hay que reconocer la potencia de la diplomacia marroquí. Por otra parte, aunque nuestra opinión viene cualificada por haber sido potencia colonial y luego administradora, no estamos en la mesa. La negociación la tienen que llevar Marruecos y el Frente Polisario. Complementariamente, la coyuntura propicia que la Unión Europea se implique en la facilitación. Hoy, y a futuro, alcanzar una solución tiene trascendencia para la UE en su conjunto.
- ¿Qué debería obtener España a cambio de este giro?
- De entrada, gestos de Marruecos sobre irritantes como las piscifactorías situadas en aguas españolas. La reapertura de Ceuta y Melilla. Marruecos nos informa de la toma de posición de España. Al menos querrá decir que también por su parte se ha puesto en marcha un proceso de recuperación de la relación.
- ¿Cree que nuestra relación con Argelia, que dice no haber sido informada, se va a deteriorar tras lo ocurrido con el Sáhara?
- Por el desarrollo de los acontecimientos, hace falta mucha contención para no emitir un juicio crítico sobre si, como parece, no se ha tenido en cuenta a Argelia. Para no especular, ni caer en frases vacías, sólo recordaré la importancia de nuestra relación con Argel.
- Pensando en la política exterior como política de Estado, ¿qué le gustaría ver a España defendiendo?
- Este Gobierno está rectificando y recuperando la relación con Estados Unidos. Traer aquí la cumbre de la OTAN, preparar la próxima Presidencia española de la Unión Europea, es importante. Más allá, tenemos que aportar la visión del Sur sobre los retos actuales, insistir en que la seguridad de Europa no se juega sólo en el este, sino también en el Sahel. España tiene un largo historial de aportar ideas e ir convenciendo, tanto en las grandes cuestiones estratégicas como en otras donde el foco no está puesto y hay que ponerlo. Tenemos que recuperar esta dimensión.
- ¿Teme que si la guerra se alarga, Europa pierda la unidad que ha ganado en estas semanas?
- Sí, existe el peligro de que flaquee. Y que después de estos fervorines, cada cual tire por su lado. Esta perspectiva contribuye a la importancia de la voz de España. Pero tiene que ser la voz de España. La pelota está en el tejado del Gobierno en un momento trascendental en el que todos tenemos que arrimar el hombro.
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