Tras la predicción fallida de Joe Biden y Boris Johnson sobre una posible invasión rusa a Ucrania en el día de ayer, la partida de ajedrez en la que Moscú ha convertido la crisis con Kiev continúa abierta. Sin embargo, las jugadas restantes de la diplomacia para que acabe en 'tablas' son escasas, difíciles y están a merced de los próximos movimientos de Vladimir Putin.
Occidente aún puede persuadir a Moscú
El mundo aún está inmerso en superar la pandemia, su mayor desafío en décadas, y nadie está preparado ni desea una guerra después de dos años de muertes y crisis a causa del Covid-19. Tras la retirada de algunas de las tropas desplegadas por Moscú en la frontera, la OTAN lanzó esta semana mensajes contradictorios, mostrando el martes un "optimismo cauto" y afirmando ayer no haber visto por el momento ninguna desescalada sobre el terreno, sino al contrario, "parece que Rusia continúa con el refuerzo militar", según declaró su secretario general, Jens Stoltenberg.
"Entiendo la postura de desconfianza de la OTAN. No sería la primera vez que Putin juega al despiste, ofrece un gesto 'de buena voluntad' -como una retirada parcial de tropas- para conseguir algo. El presidente ruso está tanteando la reacción de Occidente. La reciente retirada efectivos no implica una desescalada, mientras Rusia siga manteniendo, por ejemplo, hospitales de campaña en la retaguardia", opina Frederic Mertens de Wilmars, profesor y coordinador del Grado en Relaciones Internacionales de la Universidad Europea de Valencia.
En este escenario, el objetivo de los esfuerzos diplomáticos se centraría en apelar al pragmatismo de Putin y convencerle de que sus ganancias militares nunca superarían las consecuencias futuras de una guerra para el continente, a nivel humano pero también económico. La UE, EEUU y Reino Unido ya han acordado un paquete de sanciones mayores que las de 2014, cuando Rusia se anexionó Crimea, a las que el Kremlin podría responder por su parte cerrando el grifo del gas del que depende la UE, sobre todo Alemania, pero también en gran medida Ucrania. "Putin lo tiene complicado económicamente, su PIB es el mismo que el de España. Su estrategia es jugar con la opinión pública rusa, si no puede aportar soluciones económicas, al menos con Ucrania ofrece una cierta dignidad internacional a la manera de la antigua Unión Soviética", considera Mertens.
Nuevos acuerdos con la OTAN
La Alianza Atlántica podría aprovechar para, contra todo pronóstico, convertir la crisis en oportunidad: estrechar lazos de confianza con Rusia y fomentar la transparencia. A pesar de que los aliados dejaron claro a Putin que no aceptarían su exigencia de vetar la entrada de Ucrania en la OTAN, sí se mostraron abiertos a la posibilidad de encontrar un terreno común en cuestiones generales de seguridad europea.
De hecho, el mismo Putin dijo el martes tras su reunión con Olaf Scholz en Moscú querer "seguir trabajando" con los países occidentales sobre la seguridad europea y "estar dispuesto a seguir el camino de la negociación" para desescalar la crisis. A pesar de que el presidente ruso lamentó "no haber recibido una respuesta constructiva" de Occidente a sus principales exigencias, la OTAN aún podría suavizar tensiones mediante, por ejemplo, la reactivación de acuerdos vencidos de control de armamento para reducir el número de misiles acumulados por las dos partes. También ofrecer a Putin más información sobre ejercicios militares y ubicación de los misiles e incluso colaborar en pruebas de armas antisatélite.
Reactivar los Acuerdos de Minsk
El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, insiste en que la vía para una desescalada pasa por el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk para el arreglo pacífico en el este del país. Estos acuerdos fueron negociados entre 2014 y en 2015 en la capital bielorrusa para poner fin a la guerra desatada entre las fuerzas gubernamentales de Ucrania y los rebeldes prorrusos del este del país. Moscú aboga por un establecimiento de un "diálogo directo" entre Kiev y las repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk para retomar las negociaciones. Algo que apoyan algunos líderes occidentales, entre los que se encuentra Emmanuel Macron, como posible solución para desatascar la crisis. Así lo destacó el francés tras su reunión el pasado día 12 con sus homólogos ruso y ucraniano: "A día de hoy (los Acuerdos de Minsk) son el único camino que permitirá lograr una paz duradera" en el Donbás.
Revivir los acuerdos requeriría de nuevo un enorme esfuerzo diplomático, ya que ambas partes condicionan la puesta en marcha de las negociaciones a que la otra parte ceda en sus líneas rojas. Moscú pide a Kiev la celebración de elecciones locales en el este de su territorio y Kiev lo condiciona al desarme y retirada de los combatientes rusos presentes en la región. La clave es cuánta autonomía estaría dispuesto a ceder el Gobierno central a las provincias separatistas: si Donetsk y Lugansk llegasen a adquirir poder sobre cuestiones de política exterior podrían vetar la entrada de Ucrania en la OTAN, cumpliendo así con la principal exigencia del Kremlin.
La 'finlandización' de Ucrania
La adopción de una postura neutral por parte de Ucrania es una de las posibilidades que se han discutido a lo largo de la crisis como posible factor de desesclada. El término 'finlandización' se acuñó con el Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua firmado entre Finlandia y la Unión Soviética en 1948, tras la victoria de Stalin sobre el país nórdico en un conflicto bélico paralelo a la Segunda Guerra Mundial. Durante 44 años, Finlandia se vio obligada a repeler posibles ataques militares a la URSS a través de su territorio y a mantener una neutralidad en política internacional, a cambio de mantener su independencia y soberanía. Respecto a su aplicación en Ucrania, los expertos señalan que esta eventual solución supondría una grave injerencia en la soberanía de Ucrania, que evitaría la escalada militar mediante la decisión voluntaria de no unirse a la OTAN, acabando también con las aspiraciones de pertenecer a la UE. "Podría ser una solución que resolverá las tensiones entre Rusia y Occidente pero no dentro de Ucrania, que se convertiría en una 'zona blanda' con tensiones internas y guerra civil al estilo Kosovo, con consecuencias a muchos niveles", advierte Mertens.
Congelar el conflicto
El conflicto podría quedar de alguna manera en 'stand by' si Rusia retira lentamente sus tropas pero deja atrás equipo militar, como ha hecho en otras ocasiones. Una estrategia que le permitiría crear un punto de apoyo para reagruparse rápidamente para otro ataque. Si el conflicto queda enquistado, Rusia seguiría manteniendo su apoyo a los separatistas y continuaría siendo una amenaza para la integridad territorial ucraniana y la OTAN, por su parte, mantendría su presencia en Europa del este.
El objetivo de la diplomacia a corto plazo "es evitar una chispa" que genere un conflicto armado en el este de Ucrania. "Si se mantiene el diálogo y hasta que no haya retirada de las embajadas de ambas potencias hay esperanza para la diplomacia, pero todo depende del gesto concreto y significativo que los occidentales esperan de Putin", concluye el Mertens.
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