La última vez que Xi Jinping salió de China fue el 17 de enero de 2020. Estuvo en Birmania tratando de impulsar la nueva Ruta de la Seda, la piedra angular de la política exterior de Pekín, junto a la líder birmana Aung San Suu Kyi, quien un año después acabaría derrocada tras un golpe militar en su país.
Fue una visita fructuosa porque Xi logró rascar varios acuerdos de infraestructuras multimillonarios. El presidente chino volvió a Pekín cinco días antes de ordenar el bloqueo de Wuhan. Era el principio de una pandemia en la que el mundo comenzaba a escuchar sobre un nuevo coronavirus y a situar en el mapa su hasta entonces desconocido epicentro.
Xi Jinping no volvió a salir de China. El líder de la segunda potencia mundial lleva 21 meses sin protagonizar una visita de Estado o asistir a una cumbre internacional. En todo este tiempo se ha perdido eventos importantes presenciales como la asamblea general de la ONU, la reunión de los líderes del G-20 y la cumbre climática de Glasgow.
En casi dos años tampoco ha estrechado la mano con muchos dirigentes extranjeros dentro de su país. En las semanas posteriores al cierre de Wuhan, se reunió con Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y con los líderes de Camboya y Mongolia.
Su última reunión conocida fue en marzo de 2020 con el paquistaní Arif Alvi. Ese mes, Xi ordenó un cierre de fronteras chinas que aún se mantiene. Ningún presidente o primer ministro ha pisado el gigante asiático en todo este tiempo porque no están dispuestos a cumplir la cuarentena obligatoria de tres semanas para todo aquel que entra al país. No hay excepciones. Lo saben bien en Moncloa, que llevan más de un año sondeando sin éxito un viaje de Pedro Sánchez a Pekín.
La capital de China está totalmente blindada. Tanto, que las pocas reuniones que ha habido entre políticos chinos y emisarios de gobiernos extranjeros han sido en Tianjin, a 30 minutos en tren de la capital, una gran urbe de 15 millones de habitantes transformada en una ciudad burbuja para los encuentros bilaterales.
En Tianjin estuvo a mediados de julio Wendy Sherman, subsecretaria de Estado de Estados Unidos. Dos días después, aterrizó una delegación de los talibán, antes de la caída de Kabul, para hablar sobre el futuro de Afganistán con el ministro de Exteriores chino, Wang Yi. En septiembre, allí fue recibido el ex secretario de Estado de Barak Obama, John Kerry, actual enviado global del presidente Joe Biden para el cambio climático. En ninguna de esas visitas apareció Xi Jinping.
Este fin de semana, en la reunión del G-20, Xi intervino en vídeo para decir que las mayores potencias económicas del mundo deberían "reforzar su cooperación" para "mantener un equilibrio entre la protección medioambiental y el desarrollo económico". El líder chino, que dirige el país que representa más de una cuarta parte de la contaminación de carbono actual del mundo, tampoco estará estos días en la Conferencia sobre Cambio Climático en Glasgow (COP26).
"(Xi y Putin) verán que hemos logrado un progreso significativo, y hay que hacer más, pero va a requerir que sigamos centrándonos en lo que China no está haciendo", soltó Biden el domingo, que aún no conoce en persona a su homólogo chino. En octubre estuvieron reunidos en Suiza el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, y el máximo diplomático de China, Yang Jiechi. Fue un encuentro mucho menos tenso que su último cara a cara en la cumbre de Alaska en marzo. Según funcionarios estadounidenses, lo más cerca que estarán los dos líderes del tablero geopolítico será probablemente en una videollamada antes de fin de año.
Desde el comienzo de la pandemia, Xi sólo se ha dejado ver fuera de China mediante estas videollamadas. A través de una pantalla ha charlado con Putin, Angela Merkel, Emmanuel Macron y Boris Johnson. Con el presidente español, Pedro Sánchez, ha hablado un par de veces por teléfono.
Al preguntar en el Ministerio de Exteriores de China por las ausencias de viajes al extranjero del presidente Xi, se escudan en la pandemia y en las duras y efectivas políticas empleadas por Pekín para controlar la propagación del virus, empezando por crear un escudo alrededor de la figura más importante del país. Sobre todo, cuando el año que viene el Partido Comunista China va a celebrar su convención más importante, que estirará probablemente otros cinco años el mandato de Xi Jinping.
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