INTERNACIONAL
Elecciones alemanas

AfD y Die Linke, un mismo caladero para los dos extremos

La ultraderecha lograría un 11% de escrutinio y la izquierda radical un 6%. Ambos pescarían más votos en el Este alemán

Miembros del partido AfD, en el Bundestag.
Miembros del partido AfD, en el Bundestag.Michael SohnAP
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Los partidos de extrema derecha y de izquierda radical no saldrán debilitados de las elecciones que se celebran el próximo domingo en Alemania. La posibilidad de que Alternativa para Alemania (AfD) acceda al Gobierno es nula y la de los poscomunistas de Die Linke (Izquierda), remota, pero sus voces se escucharán en el Parlamento.

Las encuestas prevén que AfD recabe un 11% del escrutinio y Die Linke el 6%. El 26% de los votos que recabarían juntos se amortiguará al traducirlo en escaños, pero la polarización política está asegurada y con ello la violencia que generan sus discursos en la calle.

A diferencia de la campaña electoral de 2017, en plena crisis de los refugiados, la AfD no ha tenido apenas protagonismo. Sin herida abierta en la que hurgar y con la Oficina para la Protección de la Constitución como una espada de Damocles sobre su cabeza, el partido se ha centrado en la defensa de sus posiciones.

Y su estrategia, muy volcada en las redes sociales, parece que le dará resultados. Para AfD un 11% de apoyos será una victoria, en tanto que los analistas consideran que el techo real de esta formación es un 6%.

AfD, como Die Linke, ha elegido para la carrera a la Cancillería una candidatura bicéfala y perfectamente paritaria: Alice Weidel, lesbiana, licenciada en Económicas y germanoriental. Su compañero, Tino Crupalla, es germanoriental, heterosexual y pintor de brocha gorda. Chrupalla fue el candidato de compromiso propuesto por el ex presidente del partido, Alexander Gauland, entre las alas más moderadas y radicales de la formación y en eso no se equivocó. AfD sigue fracturada, pero el discurso de Chrupalla es de unidad. Su tono es duro, pero sin tufo neonazi. Es capaz de sonreír, lo que no es habitual en la AfD y siempre es cercano.

Tanto que ha sido el único candidato que ha tenido deferencia con un escolar concediéndole una entrevista para el canal del colegio. El encuentro entre ambos se hizo viral, en el momento en el que Chrupalla le dice al chaval lo importante que es estudiar a fondo la cultura y la historia alemanas, leer a los clásicos y aprenderse los poemas de los grandes autores alemanes. El chico le pregunta por su poeta favorito y Chrupalla, tras pensárselo unos segundos, dice que en ese momento no se acuerda de ninguno.

Pese al bajo perfil mantenido por AfD en campaña, su ideario sigue siendo incendiario. Todas sus propuestas van en la misma dirección, que viene a ser Alemania para los alemanes. Son contrarios a la migración, salvo la de trabajadores cualificados, defienden la salida de Alemania de la UE y a ser posible la reinstauración del marco alemán como moneda, piden la vuelta del servicio militar, soberanía, vigilancia de fronteras y abolición de la Oficina para la Protección de la Constitución.

En eso coindicen con Die Linke, su principal rival. Ambas formaciones antisistema y en las antípodas una de la otra pescan en los mismo caladeros, en los estados federados que formaron la República Democrática Alemana (RDA), donde los nostálgicos del régimen comunista se entremezclan con quienes temer perder con la llegada de extranjeros lo poco o mucho que hayan conseguido. La AfD y Die Linke alimentan por separado sus frustraciones y esperanzas con un mismo bálsamo.

Ambos partidos obtienen mejores resultados en el Este que en el Oeste del país. La causa radica, por un lado, en el tiempo anterior a 1990, cuando Die Linke se benefició del SED y la AfD por la falta de un movimiento del 68 en la RDA. Por otro lado, en el período posterior a la unificación alemana, los problemas económicos, políticos y culturales en la consolidación de la democracia beneficiaron a estos partidos de protesta. Sin embargo, la tendencia ahora es en la dirección opuesta: la izquierda crece levemente en el Oeste y pierde apoyos en el Este, donde ya no puede atar el potencial de los insatisfechos. La AfD sigue una evolución inversa.

Scholz deja la puerta abierta a Die Linke

Lo que no ha cambiado es la simpatía que ambas formaciones muestran en política exterior por Rusia, país para el que piden el levantamiento de las sanciones y el establecimiento de relaciones privilegiadas. Die Linke da un paso más y exige la salida de Alemania de la OTAN y el desmantelamiento de esta organización militar de posguerra.

Esa reclamación, aparentemente irrenunciable de Die Linke, será uno de los problemas a sortear por el Partido Socialdemócrata (SPD) si, como apuntan los sondeos, gana las elecciones y decide formar una coalición sólo con los partidos del espectro de la izquierda. El candidato socialdemócrata, Olaf Scholz, no ha cerrado la puerta a Die Linke, lo que en sí mismo es una sensación, ya que este partido es tabú para un Gobierno federal y no sólo por su rechazo a la OTAN, sino también por sus orígenes y su negativa a pedir perdón por los atropellos de la dictadura comunista.

La ambigüedad de Scholz ha llenado de esperanzas a Die Linke, que viéndose ya parte de un gobierno de coalición con el SPD y Los Verdes ha comenzado a moderar su discurso y centrado sus prioridades en asuntos de política nacional, especialmente en materia social, y de empleo, con una subida del salario mínimo, mas intervención del Estado y puertas abiertas a la migración y los refugiados. A medida que se acerca la cita con las urnas, Die Linke explora sus opciones de Gobierno desradicalizándose y la AfD aprovecha para restarle más votos radicalizando sus posturas. En las calles, la pugna entre los dos extremos continua y en aumento.

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