Más de ocho millones de alumnos retoman las clases a partir de hoy, en una vuelta al colegio que encabeza Cataluña y que terminará el día 15 en los institutos de Andalucía. En las escuelas tendrán que convivir dos sistemas antagónicos: la Ley Wert, que da sus últimos coletazos, y la Ley Celaá, que introduce nuevos contenidos y metodologías distintas que priorizan la práctica sobre la memoria. La falta de formación para implantar los cambios y el retraso en la aprobación de los currículos llevan a profesores, directores y familias a afirmar que, superada la tensión por la pandemia, éste es «el curso más incierto» en lo académico.
«La incertidumbre que en años anteriores teníamos por el Covid se ha trasladado ahora a una incertidumbre por el currículo, las programaciones y la aplicación. La mayoría de docentes se siente perdida y desamparada y se pregunta si merece la pena hacer el esfuerzo de adaptarse cuando puede producirse un cambio de gobierno que suponga otra ley. Muchos están asustados y no se sienten preparados», explica Vicent Mañes, presidente de la Federación Estatal de Directores de Centros Públicos de Infantil y Primaria.
Coincide con él Mario Gutiérrez, responsable educativo del sindicato Csif, que ve «escepticismo», «desilusión» y «cansancio» entre los profesores, que «no creen en la nueva norma y no piensan que vaya a mejorar la educación». Las tres grandes confederaciones de asociaciones de familias (Ceapa, Concapa y Cofapa) hablan también de «inquietud» por la «precipitación» en la implantación de las nuevas medidas y por las repercusiones en los hogares y en las aulas de la inflación y la crisis energética. Estas son las razones de la «intranquilidad» de la escuela ante el nuevo curso 2022/2023:
1. La inflación y el postcovid
Tras desaparecer las últimas restricciones del Covid en los comedores escolares, los colegios arrancan con normalidad sanitaria. Lejos quedan ya las mascarillas y las clases por videoconferencia. Se pueden mezclar los grupos, aumentar aforos y no escalonar las entradas, lo que facilita el día a día en los centros. Pero la pandemia ha dejado lagunas académicas -sobre todo entre los alumnos de entornos más desfavorecidos- y problemas emocionales en los jóvenes. «Han aumentado los casos de autolesiones y los intentos de suicidio entre adolescentes», advierte Antoni Gonzàlez Picornell, presidente de la Federación Estatal de Directores de Instituto, que recuerda que buena parte de las CCAA ha quitado los recursos de refuerzo que desplegaron en años anteriores y que «se deberían mantener».
María Capellán, presidenta de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnado (Ceapa), observa «preocupación» entre las familias ante la subida del precio de los libros de texto y del material escolar -una simple barra de pegamento cuesta ya cerca de tres euros- y ante posibles límites en la calefacción. «La mayoría de los edificios escolares tienen más de 50 años y no están bien acondicionados, tanto para el frío como para el calor», señala. El Gobierno ha puesto en marcha un plan de salud mental (cinco millones de euros) y otro de adaptación climatológica (200 millones) para que los colegios públicos -no los concertados- instalen paneles solares y aire acondicionado.
2. Los nuevos currículos
La gran novedad es la entrada en vigor de los currículos de la Lomloe en los cursos impares en Primaria, ESO, Bachillerato y ciclos formativos de grado básico, así como en todos los cursos de Infantil. Siete CCAA -que escolarizan a más de la mitad de los alumnos- aún no han aprobado sus desarrollos curriculares autonómicos, lo que retrasa a los profesores su elaboración de las programaciones. El Ministerio dice que no tiene que estar todo listo de forma inmediata y que la implantación puede ser gradual. Pero, aún así, los docentes ven «mucha complejidad porque son currículos muy abiertos», denuncia Francisco Venzalá, presidente del sindicato Anpe.
Hay métodos distintos y nuevos contenidos, con menos memoria y más práctica
Además, la estructura ha cambiado bastante. En Primaria, los ciclos de dos años sustituyen al tradicional curso de un año. En la ESO, se han eliminado los itinerarios. Y, en el Bachillerato, habrá ahora cinco modalidades. Entre ellas destaca el Bachillerato General, más simplificado y destinado a los alumnos que no saben si hacer ciencias o letras, pero que, por falta de tiempo, no se ha podido implantar en algunas regiones como la Comunidad Valenciana.
También se crean nuevas asignaturas, como Valores, Crecimiento en Armonía, Servicio a la Comunidad, Orientación Personal y Profesional o Coro. La Filosofía ha ganado peso en el currículo estatal de Bachillerato y lo ha perdido en el de la ESO, aunque casi todas las autonomías han salido en su auxilio y han protegido esta materia en sus normativas autonómicas.
¿Qué contenidos nuevos van a estudiar los alumnos? Los currículos dan mucha importancia al «ecofeminismo», los derechos LGTBIQ+, la «memoria democrática», las «identidades múltiples» o la defensa de los animales como «seres sintientes». Insisten en las actitudes, que pasan a ser casi más importantes que los conocimientos. Las asignaturas de Historia de Secundaria giran en torno a lo contemporáneo y apenas abordan hechos del pasado como el Al Ándalus, épocas como la Edad Media o personajes como los Reyes Católicos, salvo en aquellas comunidades, como Madrid, que se han apresurado a mantener todos los periodos históricos y reducir lo que han podido todo lo relacionado con la agenda política del Gobierno.
El 'ecofeminismo', las identidades y la memoria destacan en los currículos
En general, se han eliminado contenidos (la regla de tres, los logaritmos, la inflación, los números romanos, las obras del Siglo de Oro...) y metodologías como el dictado, al tiempo que han aparecido las Matemáticas con «sentido socioemocional» y «perspectiva de género» y «la construcción del género» en Infantil. Algunos libros de texto han llevado hasta el extremo los nuevos postulados y censuran a los filósofos por su «machismo», piden una reparación histórica por la conquista de América o acusan a los grandes medios de comunicación de «controlar las mentes».
3. Las nuevas metodologías
Este curso los profesores también tendrán nuevas formas de dar sus clases. Las metodologías basadas en la llamada «innovación educativa» pretenden conseguir una enseñanza «menos memorística» enfocada a que el alumno lleve a la práctica lo aprendido y le dé uso en su vida cotidiana. La base de todo son las competencias, que no implican sólo tener conocimientos, sino habilidades y destrezas. Más que saber, se trata de saber hacer. Pero el Ministerio no ha formado a los docentes en estas metodologías: aún se encuentra elaborando y preparando materiales y todavía no se los ha hecho llegar a los centros.
Francisco García, secretario general de la Confederación de Enseñanza de CCOO, dice que echa «en falta un plan de formación del profesorado para facilitar la implantación de las nuevas metodologías y los nuevos criterios de evaluación». «Este cambio en la metodología exige una formación seria y prolongada en el tiempo», añade Mañes. «Los profesores no han podido preparar de manera adecuada los contenidos ni han recibido ninguna formación para introducir en las aulas lo que se presenta como un gran cambio en la educación, de la misma forma que tampoco han tenido el tiempo necesario para poder analizar y elegir detenidamente los libros de texto y materiales para cada materia, ni realizar las programaciones, ni las necesarias reuniones de coordinación del profesorado», recalca Jesús Pueyo, secretario general de la Federación de Sindicatos Independientes de Enseñanza (FSIE).
«Los docentes se sienten perdidos, escépticos y desilusionados»
La idea del Gobierno era que en las aulas se generalizaran metodologías como el aprendizaje basado en proyectos, la resolución de problemas o la agrupación de asignaturas en ámbito de conocimientos, pero la imposición de esta herramienta en la Comunidad Valenciana de forma obligatoria y sin formación ni medios ha provocado una guerra que ha terminado con los tribunales dando la razón a los profesores y obligando a rehacer horarios y plantillas en el último momento.
«Es todo bastante caótico», opina Eugenio Luján, profesor de Filosofía en el instituto público La Sisla de Sonseca (Toledo). «Yo imparto clase en Bachillerato y tengo que dar un curso por la Lomce y otro por la Lomloe. Me tengo que dividir para pensar en modo competencial una hora y volver a la siguiente al modo de difundir conocimiento. Nos cargan de tareas y burocracia, pero la educación no mejora».
4. La nueva evaluación
Los nuevos currículos también conllevan una nueva forma de medir el progreso de los alumnos: se trata de una evaluación continua y no aritmética. Además de las facilidades que se dan para que los estudiantes pasen de curso y logren el título con suspensos, en Primaria y la ESO desaparecen las notas numéricas y las matrículas de honor (en Bachillerato se mantienen), y también se eliminan los exámenes de recuperación de junio o septiembre.
La nueva evaluación es más cualitativa que cuantitativa y exige que las decisiones se tomen de forma colegiada entre todos los profesores. Hay más riesgo de arbitrariedades, porque los criterios son más subjetivos y están menos claros, lo que puede provocar una «mayor indefensión» de los profesores ante las reclamaciones de las familias.
«Es todo caótico, nos cargan de tareas pero la educación no mejora»
«Nos preocupan los resultados de las evaluaciones», expresa Venzalá (Anpe). «Hemos pedido que las CCAA respeten y apoyen las decisiones de los docentes en las respuestas que dan a las familias ante posibles reclamaciones. Si no nos respaldan, se dará un mensaje desmotivador hacia el profesor, que verá cuestionadas sus decisiones, y hacia el alumnado, ante el margen de materias suspensas que le permitan pasar de curso o lograr el título».
5. Las mismas ratios
Uno de los grandes asuntos de este curso va a ser la pelea entre los profesores y el Gobierno en torno al tamaño de las clases. La ministra Pilar Alegría no quiere bajar las ratios de forma generalizada y mantiene las que estaban con el PP: un máximo de 25 estudiantes por aula en el segundo ciclo de Infantil y Primaria, 30 en la ESO y 35 en Bachillerato. Sí se abre a reducirlas en los colegios de la zonas más desfavorecidas o de difícil desempeño, pero esto no convence a los sindicatos. «Podemos comenzar por los centros con más dificultades, pero la bajada de ratios hay que generalizarla y aumentar las plantillas de docentes y de otros profesionales de la educación. También hace falta reducir el horario lectivo que subió José Ignacio Wert», avisa García (CCOO).
Tanta importancia dan los profesores a estas reivindicaciones que han accedido a suspender las huelgas convocadas en Cataluña los días 7 y 28 a cambio de la promesa de la Generalitat de contratar a 3.500 docentes y reducir una hora lectiva. Hasta ahora la legislatura ha estado tranquila, pero en los próximos meses la escuela puede convertirse en un campo de batalla si Alegría no juega bien sus cartas cuando concrete sus 24 propuestas para reformar la profesión, que incluyen medidas que evaluarán y exigirán más a los docentes.
"La Lomloe no ha contado con los docentes"
La escuela está «cansada» de los constantes «bandazos» que sufre el sistema educativo, que ya va por su novena ley en democracia. «La Lomce se hizo en contra del profesorado y la Lomloe no ha contado con el profesorado», denuncia Francisco García, secretario general de la Confederación de Enseñanza de CCOO, que considera que «haría falta un gran pacto sobre educación que definiera unos consensos básicos para que cuando cambie el gobierno no haya que cambiar la ley». «Los profesores están hartos de tanta incertidumbre y sería necesario un mayor horizonte de estabilidad», recalca.
Vicent Mañes, presidente de la Federación Estatal de Directores de Centros Públicos de Infantil y Primaria, cree que «lo más prudente habría sido hacer un proceso de aplicación y formación progresiva» de la Ley Celaá y retrasar un curso su implantación, hasta 2023/2024.
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