Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo se verán la caras el martes en el Senado por primera vez en un debate parlamentario. El presidente del PP no pudo dar la réplica en el Congreso al jefe del Gobierno en el Debate del estado de la Nación, dejando a Sánchez el campo libre para ganarlo, y ahora va a tener la oportunidad de hacerlo como senador que es. La sesión, llamada a acaparar toda la atención y a mantener la tensión política PSOE-PP, llega después de una reincorporación intensa y potente en la que ambos actores políticos han ido acomodando su estrategia casi al minuto a los pasos que daba el otro.
Las direcciones de cada partido han jugado un idem con aires deportivos, celebrando los tantos que creían haber metido al contrario. Empezó Feijóo retando a Sánchez a un debate en el Senado sobre la situación de España, creyendo seguramente que el otro no aceptaría. Este tanto creyó ganarlo el PP. Siguió Pedro Sánchez mostrando sus credenciales de líder global como invitado en un Consejo de Ministros alemán, viendo ratificado por Alemania y Bruselas su modelo de política energética en la grave crisis de suministros, así como la excepción ibérica, que el PP ha llamado «timo ibérico». El Gobierno celebró el papel europeo de Sánchez como si fueran dos goles.
Animado por la victoria, Sánchez aceptó el emplazamiento de Feijóo para citarse en el Senado. En Génova pusieron mala cara y no quisieron celebrar ese tanto porque les parece que el formato del debate no es el adecuado para una sesión sobre política general. El líder del PP adelantó, según publicó este diario, que iba a pedir a Sánchez una rebaja del IVA del gas hasta el 5%. Horas después, el presidente anunció que el Gobierno aprobará esta medida, lo cual originó una celebración de «gooool» en la sede del PP. «Sólo acierta cuando rectifica».
En este acalorado ambiente llega la comparecencia de Sánchez del martes en el Senado. La intensidad de este choque entre los dos partidos tradicionales ha provocado un eclipse casi total del resto de las formaciones políticas. No hay sitio ni capacidad de atención para nadie más. Unidas Podemos y Vox tienen dificultades para hacer llegar hasta los ciudadanos su actuación política. Las leyes de ámbito social impulsadas por el socio minoritario de la coalición de Gobierno han pasado más inadvertidas de lo que era habitual. De hecho, el debate sobre el proyecto de Ley del Aborto ha sido aventado -en apoyo de la norma- nada menos que por Isabel Díaz Ayuso. La presidenta madrileña se ha mostrado de acuerdo en que las menores de edad no tengan que pedir permiso a sus padres para interrumpir su embarazo.
Fuentes del Gobierno y del PP señalan que a ambos les viene bien que toda la atención política esté centrada en la actuación de los dos partidos. A los dos les interesa para concentrar el voto que se les ha ido a otras formaciones. En su estrategia para identificarse con «la gente», Sánchez ha dado un giro a la izquierda claro en su discurso, denunciando los privilegios y la actitud insolidaria de las grandes empresas energéticas y de los bancos. Mientras que Núñez Feijóo explota su perfil centrista a la vez que cuida a su electorado más a la derecha denunciando con dureza el pacto de Sánchez con Bildu, como ha sucedido esta semana con el acercamiento a una cárcel del País Vasco del etarra que asesinó a Miguel Ángel Blanco.
La comunicación del Gobierno al Senado habla de una comparecencia sobre política energética y su contexto económico y político, por lo que el líder de la oposición tendrá la posibilidad de hacer un discurso de estado de la Nación en versión reducida. La ausencia de portavoces conocidos del resto de los partidos dejará el campo libre a los dos oradores para encarar el primer gran debate de la larga precampaña electoral.
El líder del PP cuenta con demostrar que el Gobierno de Sánchez no está gestionando bien la crisis y que, lejos de lo que dice su campaña, no está cerca de «la gente», sino en la burbuja de Moncloa en manos de Unidas Podemos y de los independentistas.
Pedro Sánchez y sus colaboradores consideran que su estrategia de desgastar a Alberto Núñez Feijóo está dando resultados, aunque siga encabezando los sondeos de intención de voto. «Le pilló a contrapié la respuesta positiva del presidente para debatir en el Senado, ha evidenciado su ignorancia sobre la política energética y está quedando claro que su imagen moderada no se corresponde ni con su discurso ni con su actuación obstruccionista de decir que no a todas las ayudas», señalan fuentes del Gobierno.
«No está a la altura del país ni de esta crisis, no tiene proyecto ni soluciones, primero pide medidas de ahorro energético y ayudas directas, y después vota en contra de ellas. Sus portavoces descalifican como comunista la intervención en el mercado de la energía y Bruselas anuncia que va a intervenir de urgencia», añaden las mismas fuentes. ¿Por qué entonces el presidente del Gobierno ha bajado el IVA del gas, tal y como pedía Feijóo? La respuesta del Ejecutivo es que las medidas para paliar el impacto de la guerra en la subida de los precios que paga el consumidor hay que tomarlas en el momento adecuado. Y el momento adecuado es la llegada del otoño y el invierno, cuando se encenderán las calefacciones.
Olona y Vox, un enigma sin descifrar
El caso de Macarena Olona es uno de los más enigmáticos del momento y todo un reto para la interpretación de palabras y hechos. La diputada de Vox disfrutó de fama y popularidad entre los votantes de Vox, como si en lugar de una diputada fuera una influencer. Su estrella se apagó cuando la enviaron a las elecciones andaluzas creyendo que su presencia tiraría del voto de Vox y condicionaría el Gobierno de Juanma Moreno. Tras el fiasco andaluz, Olona anunció su retirada de la política por problemas de salud que no especificó. Las crónicas periodísticas dijeron que en realidad abandonaba porque la dirección de Vox no le permitió volver a Madrid como senadora autonómica. Ahora ha reaparecido, aparentemente restablecida de su enfermedad, haciendo el Camino de Santiago, junto a un puñado de fieles. En la ruta, dejó abierta la posibilidad de volver a la política y el portavoz de Vox en el Congreso espera volver a encontrarla. ¿Juego o realidad?
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