Los candidatos y candidatas a las elecciones andaluzas habían hecho bien los deberes para el segundo y último debate que abre la semana de la hora de la verdad. Sabían lo que tenían que decir ante las cámaras de Canal Sur para llegar al ánimo de los votantes andaluces a fin de convencerles para que acudan a votar y no se vayan a la playa el próximo domingo. De poco les sirvió saberse la lección. Como les pasó a los que se examinaron en la EvAU de Madrid cuando les pusieron delante las preguntas de Física, los que se examinan el domingo en las urnas a punto estuvieron de echarse a llorar cuando Macarena Olona les puso delante de los ojos todos los folios de las batallas culturales de Vox. Sin faltar uno. Ella iba desgranando masturbaciones en los libros de texto de los niños, tanquetas gaditanas asfixiando al pueblo, mujeres colectivizadas, feministas secuestradoras, élites globalizadoras, Eres con prostitutas.
-«Señor Moreno, Juanma, contesta, combate, batalla, cállales la boca con los Ere, ¿vas con ellos o conmigo?».
-«Señora Olona, usted haga su debate, que yo haré el mío».
Macarena Olona quería ser la protagonista del debate decisivo, y lo consiguió a base de hacer lo que mejor sabe hacer: provocar. El resto de los aspirantes enmudecían observándola, de hito en hito, sin saber qué responderle. Hubo silencios y silencios. Pero qué dice esta mujer. Juanma Moreno la miraba de reojo, mientras ella le increpaba una, otra y otra vez. «Es usted presidente gracias a Vox». Como diciendo para después del 19-J.
Curioso caso el de la aspirante de Vox. Su verbo inflamado la hizo famosa en el Congreso, pero en directo y frente a unos interlocutores educados y diplomáticos fue un personaje histriónico y expansivo que salía y entraba en el escenario con estruendo, para sorpresa del público. Si el próximo domingo Vox no cubre las expectativas que este partido se ha puesto para el 19-J, ya tienen a quién echarle la culpa.
El defensor del título de presidente, muy presidente y más presidente que nunca, pasó por este debate de puntillas, como por el primero. Salvo la broma del boli que enseñó subrayando que era un rotulador y no un camión para descalificar las críticas de los aspirantes, Juanma Moreno preservó su imagen de gestor moderado, hombre prudente y gobernante responsable que cuida de los andaluces. Yo sé gobernar, y usted no, señora Olona. «Es un delirio», murmuró cuando ella le instó a aclarar si quiere ser su vicepresidente.
Frente al espectáculo de Olona contra «el señor Moreno, Juanma», poco podía hacer el resto de los aspirantes para hacerse escuchar por el público. El aspirante socialista, Juan Espadas, lo intentó de todas las formas posibles y a ratos casi lo consiguió. Casi. Espadas salió a combatir contra las encuestas que le auguran una severa derrota frente a Juanma Moreno. El presidente no quiso entrar en el cuerpo a cuerpo con su contrincante del PSOE, quizás porque está buscando el voto de los electores socialistas. O quizás porque Espadas y Moreno son personalidades tan parecidas que los espectadores podrían llegar a imaginarles pactando, sin ningún problema. Moreno le ha quitado el lugar a Espadas. Mala suerte.
«Yo voy a decir algo, ¿no?», exclamó en un momento la candidata de Por Andalucía, Inma Nieto. Es una mujer educada y agradable, que habla bajito y despacio. Todo un inconveniente para hacerse visible en una velada como la que tuvo lugar en Canal Sur. Ni siquiera Teresa Rodríguez, más flamenca y televisiva que su colega de la otra izquierda andaluza antes unida en Adelante Andalucía, pudo brillar más allá de algunos segundos en los que capturó la atención de la cámara.
La ternura del espectáculo -que también la hubo- corrió a cargo del candidato Juan Marín. Auténtico drama el del aún vicepresidente del Gobierno andaluz. Su defensa cerrada, eficaz y contundente de la gestión del Ejecutivo saliente se traduce en votos para el PP andaluz. Su papel en los debates ha sido decisivo para que Juanma Moreno brille con luz propia y sin descalzarse. Pedir el voto útil para Ciudadanos en estas circunstancias parece, ciertamente, una misión imposible. La misma misión imposible que calificar a Juanma Moreno como un «mal gestor».
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