"Otra cosa no, pero los militares siempre están haciendo planes de todo". De esta manera resume un alto mando de las Fuerzas Armadas la actividad que tenían los ejércitos en los días previos a que la pandemia del coronavirus se extendiera por España y el Gobierno adoptara las medidas de contención que culminaron en el decreto del estado de alarma.
En efecto, si algo define al Ejército es su capacidad para intervenir de forma muy rápida en crisis de todo tipo, como la que se afronta con el Covid-19. Los militares se anticipan a lo que pueda ocurrir en cuanto detectan una amenaza -los "planes de todo"- y tienen recursos que no existen en ningún otro cuerpo del Estado.
Normalmente no se necesita su intervención, pero cuando esta crisis empezó a estar sin control fueron el recurso natural al que recurrir y se organizó en tiempo récord la operación Balmis. Esta es la reconstrucción, paso a paso, del mayor despliegue militar en territorio nacional en democracia.
10 de marzo: las medidas preliminares
El 10 de marzo, un día después de que la Comunidad de Madrid y el País Vasco decretaran la suspensión de las clases en todos los niveles educativos, las Fuerzas Armadas dieron un primer paso operativo, "pasando del papel a las órdenes", indica este mando.
Ese día, el Ministerio de Defensa siguió la decisión autonómica y suspendió las actividades docentes en los centros de formación militar de la Comunidad de Madrid. Además, puso en marcha dos instrucciones con normas de flexibilización horaria y de conciliación para el personal civil y militar para hacer frente a la necesaria conciliación con los menores y las personas mayores.
Durante esa tensa semana, en la que toda España se mantuvo a la espera de que el Gobierno tomara medidas contundentes, las Fuerzas Armadas fueron ultimando los preparativos para intervenir. El viernes 13 de marzo, poco antes de que Pedro Sánchez anunciara que el 15 de marzo se decretaría el estado de alarma, Defensa suspendió las maniobras de todos los ejércitos, lo que tenía un doble beneficio: evitar contagios y tener a toda la plantilla en primer tiempo de saludo para lo que se avecinaba.
El estado de alarma se anunció el sábado 14 -se decretó el domingo 15- y la operación Balmis se puso en marcha, al asumir el Gobierno de la nación el mando único. La ministra de Defensa, Margarita Robles, era una de las cuatro personas designadas con mando en la crisis -junto a Fernando Grande-Marlaska (Interior), Salvador Illa (Sanidad) y José Luis Ábalos (Transportes)- y no era casualidad.
Las Fuerzas Armadas iban a tener un papel principal en la lucha contra el coronavirus. El nombre elegido para la operación hacía honor al médico militar Francisco Javier Balmis, que a principios del siglo XIX lideró una expedición que dio la vuelta al mundo y que llevó la vacuna de la viruela a las posesiones españolas de América y Filipinas.
14 de marzo: estado de alarma, cumbre en Defensa
El sábado 14 de marzo, día en que el Gobierno iba a decretar el estado de alarma tras un largo y conflictivo Consejo de Ministros, se celebró una primera reunión preparatoria en el Ministerio de Defensa al máximo nivel: la ministra, el jefe del Estado Mayor de la Defensa (Jemad) -el general del Aire Miguel Ángel Villarroya-, el jefe de la Unidad Militar de Emergencias (UME) -el teniente general Luis Martínez Meijide-, el comandante del Mando de Operaciones -el teniente general Fernando López del Pozo- y los altos cargos de Defensa, incluidos el secretario de Estado, Ángel Olivares, y el subsecretario, Alejo de la Torre.
Allí se diseñaron los primeros pasos a dar en el marco del decreto que estaba a punto de aprobar el Gobierno y que pasaban por activar un mando único militar, que el domingo 15 de marzo asumió el Jemad a través del Mando de Operaciones, centralizando así las órdenes a los tres ejércitos, la UME y la Inspección de Sanidad de Defensa (Igesan).
A continuación se produjeron los primeros despliegues, asumidos por la UME, unidad especialmente diseñada para reaccionar con la máxima rapidez. De tamaño limitado (3.500 efectivos), la UME debía ejercer de avanzadilla para dar una respuesta rápida a las situaciones críticas que se estaban produciendo con el coronavirus, dejando luego el paso al grueso del Ejército.
Primero se empezó con despliegues en las zonas urbanas en las que la UME tiene acuartelamientos -Madrid, Valencia, Sevilla, Zaragoza, León, Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife-, donde se identificaron los lugares que presentaban problemas de aglomeraciones -las estaciones de Madrid, por ejemplo, en los primeros días del confinamiento- y se localizaron los puntos óptimos para instalar hospitales de campaña. La previsión ya apuntaba un auténtico desborde, como el que se fue produciendo en los días siguientes.
También se procedió a la activación de médicos militares en la reserva (1.500 efectivos) y se dieron instrucciones a la farmacia militar para que incrementara la elaboración de la solución desinfectante hidroalcohólica, así como otros medicamentos genéricos que fueran necesarios para atender la extensión de la epidemia.
En un segundo encuentro del mando único, ese mismo día 15, ya se acordó el reconocimiento de infraestructuras críticas. Al día siguiente, desde Defensa se explicó que las principales misiones de los militares, al menos inicialmente, serían "desinfeccion y vigilancia".
16 de marzo: servicios sociales y personas sin hogar
El lunes 16 de marzo, el Gobierno incorporó a los militares a una nueva labor: "Un refuerzo de choque de los servicios sociales para asistir a las personas sin hogar ante la crisis del coronavirus, con el apoyo de las Fuerzas Armadas".
Apenas un día después de iniciarse el confinamiento de los españoles en sus casas, ya se apreciaba que los servicios sociales se iban a ver desbordados y se movilizaba el apoyo militar. Los soldados realizan desde ese día un seguimiento diario de personas sin hogar y refuerzan centros sociales, reparten alimentación, ayudan en los comedores sociales y habilitan espacios para los más desfavorecidos.
Durante esa jornada, la UME amplió su despliegue a otras capitales de provincia, como Guadalajara, Málaga, La Rioja, Huesca, Teruel, Valladolid y Burgos. En total, ese día ya había más de un millar de militares desplegados en territorio nacional.
Además, integrantes de la Brigada Paracaidista de Alcalá de Henares (Madrid) ayudaron al traslado y montaje urgente de 45 camas, donación de dos hoteles de la ciudad, para reforzar las capacidades del hospital de la ciudad, el Príncipe de Asturias. Era la primera unidad del Ejército de Tierra que era movilizada.
17 de marzo: despliegue del Ejército y la Armada
La incorporación de los ejércitos empezó a generalizarse el martes 17 de marzo. El Jemad, que comparece a diario ante la prensa con frases que ya forman parte del universo de esta crisis -"no hay fines de semana en la guerra, todos los días son lunes"-, explicó ese día que ya había 1.820 militares en la operación Balmis: 350 efectivos del Ejército de Tierra, 120 de la Infantería de Marina de la Armada y 1.350 de la UME.
En estos días se generó cierto debate sobre la ausencia de despliegue en Cataluña y el País Vasco, comunidades con gobiernos hostiles al Estado y que rechazan a las Fuerzas Armadas españolas. Pero los militares entrarían en estas comunidades igual que en las demás, pese a alguna confusión inicial.
El martes 17, efectivos de la UME se desplazaron a la base de Araca (Vitoria) para dar formación sobre desinfección y desinfectar zonas. Había un plan para desplegarse en el aeropuerto de Bilbao, pero se cruzó, según la versión oficial, con una misión en el Hospital de Valdecilla de Santander.
Otras fuentes sostienen que el Gobierno nacionalista de Iñigo Urkullu, socio del Gobierno, puso impedimentos a la llegada de los militares al País Vasco y contactó con Moncloa para frenarlos.
El miércoles 18 de marzo terminó por unirse al despliegue el Ejército del Aire. Para entonces ya eran 2.600 efectivos militares trabajando contra el coronavirus. Los soldados del Ejército del Aire, bajo la dirección del Mando Aéreo de Combate, realizaron patrullas.
19 de marzo: entrada en Cataluña
El jueves de 19 de marzo se terminó con el debate de la resistencia nacionalista al despliegue militar en sus comunidades. Ya eran muchos los afectados y los fallecidos por el coronavirus como para atender reclamaciones políticas. El Batallón de Intervención de Emergencias 4, con base en Zaragoza, llegó a Cataluña ese día con 85 militares y 28 vehículos.
Quim Torra trató de poner obstáculos al despliegue, pero lo cierto es que la Generalitat no contaba con medios suficientes para desinfectar el puerto y el aeropuerto de Barcelona, misiones asignadas a las Fuerzas Armadas.
El domingo 22 ocurriría lo mismo en el País Vasco, con la llegada, ahora sí, de efectivos militares al aeropuerto de Bilbao para desinfección.
20 de marzo: el hospital de Ifema
Puede ser el gran símbolo de la lucha contra el coronavirus. La UME participó de forma decisiva en la puesta en marcha del mayor hospital de campaña de España, unas instalaciones en Madrid con capacidad para 5.000 pacientes.
En este caso, los militares se pusieron a disposición de la Comunidad de Madrid. Llegaron técnicos del Mando de Ingenieros, Regimiento de Especialidades de Ingenieros del Ejército de Tierra y una teniente coronel de Sanidad, que asesora en la parte médica. A ellos se sumó un comandante de logística de la Agrupación de Sanidad 1 de Madrid, especialista en montajes de formaciones sanitarias desplegables.
Además, se activó un dispositivo para poner en marcha otro hospital en Oviedo y efectivos militares comenzaron a llevar a cabo labores de desinfeción en centros penitenciarios. Una petición, esta última, que se había convertido en un clamor por parte de los funcionarios de prisiones. Además, se hicieron cargo del control de las centrales nucleares.
21 de marzo: entrada en las residencias de mayores
El sábado 21 de marzo, las Fuerzas Armadas acudieron a las residencias de mayores donde se estaban produciendo situaciones dramáticas con la expansión del coronavirus. A partir de ese día y en los siguientes, fueron revisadas más de 500 residencias en toda España y se realizaron traslados de pacientes y desinfecciones masivas.
En algunos casos los soldados se encontraron escenas muy difíciles, como la de ancianos conviviendo con cadáveres que no habían podido ser incinerados por la acumulación de cuerpos.
23 de marzo: patrullas y traslado de cuerpos
En el inicio de la segunda semana del estado de alarma ya había casi 3.000 efectivos militares desplegados en 129 localidades. Las Fuerzas Armadas sumaron a sus misiones el traslado de cadáveres en Madrid desde diferentes puntos a la gran morgue que se ha instalado en el centro comercial Palacio de Hielo.
Además, se iniciaron patrullas mixtas con las Fuerzas de Seguridad en lugares críticos, como las zonas de aglomeraciones, los puntos turísticos o las fronteras.
27 de marzo: prórroga del estado de alarma, más efectivos
El Gobierno aprobó la prórroga del estado de alarma el viernes 27 de marzo, lo que implica que las Fuerzas Armadas seguirán movilizadas contra el coronavirus al menos hasta el 11 de abril. Ya se han producido relevos y en la actualidad hay más de 3.300 militares en la operación Balmis, incluyendo los últimos efectivos en incorporarse, los de la Guardia Real.
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