Era el pasado día 17 en Davos y la agenda cuadraba para un acercamiento. El presidente del grupo estadounidense Intel, Pat Gelsinger, organizaba una cena con invitación a representantes de los países europeos en los que tiene proyectos, incluida España. Era la noche en que se encontraba en la localidad suiza el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el jefe de su oficina económica, Manuel de la Rocha, además del titular de Exteriores, José Manuel Albares. Sin embargo, ninguno de ellos acudió a la invitación de Intel. Es la multinacional estadounidense que todos cortejan para conseguir que fabrique en sus países los estratégicos semiconductores, los chips cruciales para la vida cotidiana de cualquier ciudadano y que permiten que funcionen los teléfonos móviles, los vehículos, los ordenadores o los electrodomésticos.
Fuentes gubernamentales confirman la no asistencia de ningún representante a la cena de Gelsinger sin dar explicaciones, pero el episodio denota que el Gobierno no tiene expectativas de que la multinacional que más apuesta hasta ahora por producir semiconductores en Europa monte una planta en España.
Un alto directivo de Intel corrobora a este diario que el proyecto del gigante estadounidense en España se limita al ya anunciado en Barcelona, pese a la montaña de fondos europeos que ofrece Sánchez con el llamado Perte Chip. Se refiere al plan de Intel de montar un laboratorio pionero de diseño de microchips de la multinacional tecnológica Intel en el llamado Centro Nacional de Supercomputación con una inversión de 200 millones de euros en un plazo de 10 años. Es una positiva e interesante iniciativa, pero es apenas una gota en el océano de los 33.000 millones de inversión en el conjunto de la UE anunciados por la multinacional de EEUU el pasado marzo, con Alemania e Irlanda a la cabeza. También ayuda a poner en perspectiva esta apuesta inversora en España que equivale a la retribución obtenida en 2021 por el propio presidente de Intel. Gelsinger ganó ese año, el último conocido, 179 millones de dólares, bonus incluidos.
Habría, sin embargo, una teórica posibilidad de conseguir más inversión. Por un lado, España ofrece en el llamado Perte Chip, 12.250 millones de subvenciones y préstamos con cargo a fondos europeos. Es el más dotado y, en palabras de la vicepresidenta primera, Nadia Calviño, «el Perte más ambicioso». Por otro, Intel anunció en marzo que, tras descartar España, negociaba con Italia montar una fábrica con una inversión de hasta 4.500 millones, pero eso está en el aire.
La citada fuente de Intel asegura que el proyecto en Italia «continúa en evaluación» y no lo da por seguro, con lo que se abriría a otros países europeos la opción de albergar la fábrica. En la multinacional estadounidense muestran frialdad ante la pregunta de si España tiene posibilidades, pero no cierran la puerta del todo. El propio Gelsinger subrayó en Davos que ni siquiera en Alemania se ha concretado aún el proyecto a falta de saber con cuántas ayudas públicas puede contar y no oculta que el entorno ha cambiado desde hace un año, por el aumento de costes y la caída de demanda de semiconductores. En EEUU disparan además sus ayudas y en Intel, que siguen manteniendo la estrategia de producir en la UE, según reiteraron en Davos, no dejan de subrayar que todas sus nuevas fábricas tienen que ser «competitivas», ante la pujanza de las asiáticas y estadounidenses.
El Gobierno aprobó el Perte Chip precisamente en la semana que Sánchez se reunió en Davos en 20220 con Gelsinger intentando atraerlo. También con el presidente de Qualcomm, Cristiano Amon. Con éste se reunió de nuevo en la localidad alpina el pasado día 17 y van ya tres veces en el último año en el intento más constante de Sánchez por atraer inversión estadounidense en semiconductores. La otra opción que se trabaja es la coreana Samsung. Pero tanto en su viaje a Seúl como a Davos, el primer ministro holandés, Mark Rutte, ha mantenido las mismas reuniones con los mismos fabricantes para intentar llevárselos a su país.
La pelea europea es encarnizada y, seis meses después, el mayor Perte anunciado por el Gobierno está pinchando sin que afloren candidatos que quieran una parte relevante de los 12.250 millones. Además, pese a que Calviño intentó no repetir los errores de la ministra de Industria, Reyes Maroto, con el fallido Perte del Vehículo Eléctrico y Conectado, no hay perspectiva aún de que comience la licitación.
La vicepresidenta recurrió a la figura de crear un comisionado, para intentar agilizar la búsqueda de multinacionales. Nombró a Jaime Martorell, un reconocido ejecutivo con experiencia industrial en EEUU, pero éste puede hacer una labor comercial, no la burocrática de preparar las bases de licitación y convocatorias. La aspiración es que éstas lleguen en primavera, un año después del anuncio del proyecto. En la llamada Adenda a los fondos presentada por Calviño, se prevé que el grueso de los 12.250 millones, no sean subvenciones, sino préstamos. Y el Ministerio justifica este desequilibrio -inusual en otros Perte- «debido a la incertidumbre sobre los proyectos y la forma de financiación».
En resumen. Si ya sería un drama que los fondos europeos terminen en oportunidad perdida para España, sería particularmente trágico que quedara desierto el Perte Chip por lo que implica de seguir dependiendo del suministro de Asia u otros países de un material tan básico. «Los semiconductores adquieren una importancia, geoestratégica mundial (...) España no va a perder la carrera de la tecnología más avanzada, clave para la soberanía estratégica», dijo Sánchez con buen criterio al anunciar el Perte el pasado mayo. Pero medio año después hay riesgo de nuevo fiasco con el plan más importante, si no se cambia el chip.
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