Una de las últimas instituciones independientes en el aparato económico del Estado es el Banco de España, pero está al borde de ser tomada por el Gobierno en ruptura de la tradición de búsqueda de equilibrios en su cúpula.
Esta semana vence el mandato del último consejero nombrado por el Gobierno del Partido Popular, el ex secretario de Estado Fernando Eguidazu, sin que la vicepresidenta primera, Nadia Calviño, le renueve ni haya iniciado aún negociación alguna con el PP para permitir que designe candidatos con el criterio bipartidista habitual en esta institución clave para la economía y la estabilidad del sector financiero español.
«La vicepresidenta no nos ha llamado para nada, pese a que le hemos recordado al Gobierno que siempre se ha respetado a la oposición en este organismo. Estamos a la espera de que se respete», asegura a este diario una alta fuente del comité de dirección del PP.
La tradición respetada por gobiernos del PP y del PSOE es que el que está en el poder designa tres consejeros, el de la oposición, a dos, y la llamada «cuota catalana», a uno, para que siempre haya una cierta presencia de todos durante los seis años de mandato. El pacto no escrito es que sean figuras más técnicas que políticas. Un precedente lejano de ruptura fue en 2006 con el nombramiento en el Gobierno socialista de Miguel Ángel Fernández Ordóñez como gobernador. El PP lo consideró una politización y no hubo reparto ni equilibrios con consecuencias funestas de inestabilidad y deterioro posterior del Banco de España.
El entonces ministro de Economía, Luis de Guindos, recuperó la tradición al designar a Luis Linde gobernador y al respaldado por el PSOE Fernando Restoy como subgobernador, además de otros equilibrios en el consejo.
Llegó Calviño al Ministerio y ya dio muestras de ruptura de forma notoria cuando colocó en 2020 al ex consejero socialista de Economía de Baleares, Carles Manera, en sustitución del nombrado por el PP, Rafael Castejón. Actualmente, de los ocho miembros no natos del consejo, ha designado ella o sus antecesores en el PSOE a cinco, incluida la subgobernadora Margarita Delgado. Sólo quedan al margen, Eguidazu y la catalana Nuria Mas, que también se encuentra a semanas de que expire su mandato. El octavo miembro es el propio gobernador, Pablo Hernández de Cos, nombrado por el Gobierno de Mariano Rajoy justo antes de perder el poder ante la moción de censura de Pedro Sánchez.
De Cos, que ha recibido fuertes reproches desde el Gobierno por presentar informes críticos con la política económica y fiscal, puede quedar prácticamente aislado en la ejecutiva del Banco de España tras la nueva oleada de nombramientos. Esta semana se van dos consejeros: el citado Eguidazu y también Carmen Alonso, designada en enero de 2011 por la entonces vicepresidenta del Gobierno, Elena Salgado, y renovada por De Guindos en 2017 dentro de los acuerdos con la oposición. Calviño tendría la oportunidad, al quedar estos dos puestos libres, de cederlos al PP para restaurar equilibrios, pero es significativo que aún no lo ha hecho a horas del consejo de ministros de este martes, que es cuando tendría que nombrarlos para evitar vacíos en la cúpula.
La renovación coincide con una etapa de malas relaciones personales entre Sánchez y el presidente del PP, Alberto Núñez-Feijóo; y de la propia Calviño con la cúpula del PP. La vicepresidenta se ha mostrado escocida ante las constantes preguntas del PP sobre su finalmente frustrado intento de colocar a su marido en Patrimonio Nacional. Ella lo califica de «ataques personales».
Además, Calviño afronta hoy una tensa reunión con los consejeros autonómicos de Hacienda. Los del PP la reprochan intentar engañar a Bruselas haciendo creer que los fondos europeos se están repartiendo con consenso territorial.
Calviño puede replicar que el PP se niega a pactar la renovación del Consejo General del Poder Judicial, en otra muestra del deterioro institucional del país, pero hacer lo propio en el Banco de España tiene consecuencias de largo recorrido. Por un lado, el asalto debilitaría al gobernador, pero daría una pésima imagen ante el Banco Central Europeo en un momento delicado para la deuda española. Por otro, empujaría a Feijóo, si gana las elecciones, a nombrar sin consenso en 2024, cuando vencen mandato, no sólo al gobernador, sino también al subgobernador, en vez de cederlo al PSOE, en una rueda sin fin de politización del organismo.
La efeméride
La buena noticia de que la economía española haya crecido un 5,5% en 2022 tiene, lamentablemente, un cierto efecto espejismo. Lo explica en su nota del viernes el servicio de estudios de CEOE que dirige Gregorio Izquierdo. «Aunque podría parecer elevado, hay que verlo con cierta reticencia, ya que está muy condicionado por un significativo efecto carry-over». Se trata del arrastre estadístico provocado por el rebote de 2021 tras la pandemia. En cálculos en línea con los del Banco de España, CEOE concluye que incluso con un estancamiento total en 2022 el crecimiento anual contable del ejercicio hubiera superado el 3,5%. Por tanto, conviene fijarse más que en el 5,5%, conviene mirar el crecimiento interanual registrado en el último trimestre, el 2,7%.Y es bajo, porque el intertrimestral con el que acabó el año fue un triste 0,2%, según dice el INE con más cautelas que nunca.
El personaje
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no deja pasar mitin sin burlarse de que «el apocalipsis no ha llegado», en alusión a que no se ha producido afortunadamente la temida recesión augurada por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal y el servicio de estudios de BBVA, entre otros. Pero lo que sí se ha producido de momento oficialmente es un frenazo económico con una destrucción de 101.900 empleos en el sector privado en el último trimestre a cuyos afectados y sus familias, si les parecerá que ha llegado una situación personal apocalíptica, así que el presidente del autodenominado «Gobierno de la gente» debería ser más compasivo en sus mensajes económicos. Y, sobre todo, realista: la inflación sigue elevada con la subyacente en récords, y el Fondo Monetario Internacional deja en la mitad, como casi todos los organismos su previsión oficial.
Para seguir
Ojo a los precios del gas en 2023. Se lo avisó el presidente de Naturgy, Francisco Reynés, a Pedro Sánchez en Davos a puerta cerrada y lo comentó ya en público el viernes ante la Asociación Española de Directivos en Barcelona. Describió tres factores al alza. El primero la especulación, porque según sus datos, un 25% del gas se compra y vende aún en el mercado diario al margen de contratos a largo plazo. El segundo, la sanción a Rusia, que no cuestiona, pero que tiene impacto: «Es como si quitas de en medio a Arabia Saudí en el petróleo, pesando Arabia Saudí menos porcentaje del petróleo en el mundo que Rusia en el del gas».Y el tercero, la reaparición de una aspiradora: «China consumió en 2022 un 20% menos de gas del que venía consumiendo normalmente, porque estuvo cerrada, pero ahora..». Sólo los viajes chinos con la reapertura requieren un millón de barriles al día.
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