ECONOMÍA
Relaciones comerciales con Arabia Saudí

Líneas de metro, desaladoras, corbetas, ingeniería, armas y cine: la presencia española más allá del polémico AVE a La Meca

Las seis líneas de metro de la capital saudí se excavan de la nada con la promesa de conectar una urbe de 7,2 millones de almas a través de una telaraña de 175 kilómetros y 87 estaciones

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En el vasto callejero de Riad, plantado sobre una árida meseta en el centro del país, un milagro ha comenzado a agujerear sus entrañas. Las seis líneas de metro de la capital saudí se excavan de la nada con la promesa de conectar una urbe de 7,2 millones de almas a través de una telaraña de 175 kilómetros y 87 estaciones. La publicidad de la obra, el mayor metro en construcción del planeta, empapela los alrededores del centro comercial "Gharnata" (Granada, en árabe), ubicado en el distrito homónimo. La evocación a la ciudad de la Alhambra no es la única referencia española del proyecto cuyo presupuesto inicial de 16.300 millones de euros aspira a revolucionar la movilidad en una megalópolis atenazada por los atascos. La multinacional española Fomento de Construcciones y Contratas (FCC) lidera el consorcio internacional que desde la primavera de 2014 se encarga de horadar las líneas 4, 5 y 6 del metro. A sus órdenes, trabajan las compañías coreana Samsung y la francesa Alstom. "FCC desembarcó en Arabia Saudí con la adjudicación del mayor contrato de ingeniería y construcción dado a una empresa española. A pesar de la diferencia cultural y social a la que nos enfrentamos, FCC ha sabido adaptarse e integrarse a la perfección a esta nueva realidad", reconocen a EL MUNDO fuentes de este gigante del Ibex35 que preside Esther Alcocer Koplowitz. Su liderazgo en tres de las líneas que vertebrarán el futuro de Riad es un hito similar a la construcción del AVE a La Meca, una realidad pergeñada por un consorcio de compañías públicas y privadas españolas que superó un sinfín de desafíos técnicos y sobre el que hoy sobrevuela un proceso judicial por supuestas comisiones que involucran incluso al Rey Emérito Juan Carlos I. Más allá del litigio y ajena al ruido que lo jalona, la presencia española se ha abierto paso por Arabia Saudí, el mayor exportador de petróleo del mundo, con un ejercicio de ambición y resiliencia como el que relatan desde FCC.

"FCC está finalizando el proyecto Metro de Riad así como la extensión de la línea 4 al aeropuerto internacional de la capital y un gran parque y espacio de ocio en la ciudad", detallan desde la compañía, comprometida -dicen- con la mejora de las infraestructuras de transporte de Arabia Saudí. El reino, fundado en 1932 por Abdelaziz bin Saud, está ávido por proyectos que -tras décadas de ensimismamiento y fe ciega en el oro negro- le sitúen en el mapa y le ayuden a aliviar su adicción al crudo. En la búsqueda existencial de remedio a sus achaques, España ha ofrecido una cartera de empresas con experiencia en la creación y mejora de servicios. Las relaciones han crecido exponencialmente en la última década a partir de los acuerdos de cooperación económico-financiera rubricados por ambos países con motivo de las visitas recíprocas de sus respectivas familias reales. El pasado año las exportaciones españolas a Arabia Saudí alcanzaron los 1.840 millones de euros, según datos proporcionados a este diario por el ministerio de Industria, Comercio y Turismo. En los primeros cuatro meses de este año, con el coronavirus golpeando de lleno, la cifra superó los 554,3 millones. La balanza comercial sigue siendo negativa para España. 2019 se cerró con 4.253 millones de euros en concepto de importaciones saudíes. El Gobierno saudí y su fondo soberano, Fondo de Inversión Pública Saudí, -que en los últimos meses ha irrumpido en el accionariado de firmas como Facebook, IBM, Pfizer o Disney- no han respondido a la solicitud de información cursada por este diario sobre sus inversiones españoles.

Las energías renovables, el suministro de material para el sector eléctrico o de maquinaria para la construcción y la industria alimentaria o la manipulación de fluidos son algunos de los campos que el ICEX identifica como sectores de interés para que las empresas españolas inicien su singladura en la cuna del islam. Un recorrido que a principios de la década pasada inauguró Aqualia con un proyecto cargado de simbolismo: la operación y mantenimiento de las plantas de tratamiento de aguas residuales de Hadda y Arana, en la ciudad santa de La Meca, vetada a los no musulmanes. "Firmamos nuestro primer contrato en 2011 y desde entonces hemos ido encadenando proyectos, cada vez más, por fortuna. No ha sido nada fácil pero la experiencia global ha resultado muy positiva", admite José Enrique Bofill, director regional de Aqualia. En enero la compañía adquirió un 51 por ciento de la empresa local Qatarat, que gestiona la desaladora del aeropuerto internacional Rey Abdelaziz de Yeda, la segunda urbe del país emplazada a orillas del mar Rojo. "Encajaba muy bien con nuestra estrategia de ser selectivos y elegir oportunidades seguras que tengan poco riesgo y una rentabilidad aceptable. Nos permite entrar en el mercado de Yeda, uno de los polos de negocio del país junto a Riad", arguye. "Las perspectivas son que el negocio pueda crecer mucho por el proceso de privatización de los servicios".

Su rival Acciona también tiene presencia en Arabia Saudí, una de las últimas cuatro monarquías absolutas del mundo. La compañía de la familia Entrecanales construye en la actualidad tres desaladoras para una compañía pública. La última instalación -una de las mayores del país, situada a unos 400 kilómetros de la capital- le fue adjudicada en abril por unos 460 millones de euros. Hasta ahora, el principal capítulo de las relaciones comerciales entre saudíes y españoles era el consorcio hispano saudi encargado de construir la línea de alta velocidad entre las villas de La Meca y Medina que involucró a empresas públicas y privadas españolas y cuyo adjudicación está ahora en el punto de mira. Una de las compañías que aterrizó en tierras saudíes con aquel proyecto es Ineco, una empresa de ingeniería de titularidad pública que desde 2017 desarrolla la mejora del aeropuerto internacional Rey Fahed de la ciudad saudí de Dammam. En la actualidad, según fuentes de Ineco, trabaja en renovacion de su sistema de tratamiento de equipajes. Como le sucedió a otras firmas españolas, su paso por el reino le ha permitido poner el pie en países vecinos. Ineco acaba de adjudicarse la gestión integral del proyecto y puesta en marcha de la ampliación del aeropuerto internacional de Kuwait.

Otra de las joyas de los negocios españoles es la construcción de cinco buques de guerra por 1.800 millones de euros en los astilleros gaditanos de Navantia. La botadura de la primera corbeta se produjo el pasado miércoles 22 de julio en San Fernando. Fuentes de la empresa pública reconocen estar a la caza de nuevas oportunidades como la venta de anfibios y fragatas. El encargo no ha estado exento de polémica y llegó a peligrar tras la condena por los bombardeos de la coalición saudí que desde marzo de 2015 se han cobrado decenas de miles de vidas en la paupérrima Yemen. El pasado año las licencias de exportación de material de defensa a Arabia Saudí ascendieron 392,78 millones de euros, treinta veces más que el año anterior. Según la campaña "Armas bajo Control", que exige desde hace años la suspensión de los negocios armamentísticos con Riad, España fue en los dos últimos años el sexto exportador de armas a Arabia Saudí. A pesar de las críticas, Navantia redobló a principios de 2019 su apuesta con el nacimiento de SamiNavantia, una empresa participada a un 49 por ciento por la española y un 51 por ciento por la estatal saudí SAMI (Industrias Militares de Arabia Saudí, por sus siglas en inglés). "Apenas tiene un año de vida y se encuentra inmersa en el plan de formación del personal saudí", señala a este diario Antonio Sánchez Barberán, el director ejecutivo de la "joint venture". "Su principal función es ser subcontratista de Navantia para el Sistema de Combate de las Corvetas Avante y su mantenimiento. Hasta el momento el desarrollo de la misma va de acuerdo con los planes previstos en el contrato de Navantia con la Armada saudí", precisa.

Con la segunda mayor reserva del planeta, el petróleo sigue siendo el motor de la economía saudí a pesar del ambicioso plan "Visión Saudí 2030" impulsado por el príncipe heredero Mohamed bin Salman y golpeado ahora por la pandemia y el desplome del precio del barril de crudo tras semanas de guerra con Rusia y un armisticio en forma de recorte pactado de producción. La petrolera estatal Aramco, la empresa más rentable del planeta, protagonizó en diciembre la mayor operación pública de venta de acciones de la Historia. Bajo su batuta trabaja la española Técnicas Reunidas, que hace tres años se adjudicó tres licitaciones por un valor que rondaba los 2.000 millones de euros para mejorar varios campos de gas en el yacimiento de Ghawar, el mayor campo petrolero del planeta. El pasado verano volvió a ser premiada por Aramco con el encargo de las instalaciones de su nueva planta de gas en Tanajib, al este del país. El contrato alcanza los 3.000 millones de dólares (unos 2620 millones de euros). La multinacional madrileña no ha respondido a las solicitudes de información de este diario.

Las reformas sociales y el intento de aperturismo del país han impulsado sectores hasta ahora inexistentes. Donde antes hubo un desierto cultural, obligado por la rigorista interpretación del islam, ha comenzado a emerger una "Meca" del ocio, en cuyo porvenir la recientemente creada autoridad general de entretenimiento ha prometido invertir hasta 64.000 millones de dólares. El pasado estío una empresa malagueña desplegó en las calles de Yeda un trasunto de las fallas valencianas y la Real Federación Española de Fútbol firmó un jugoso contrato para la celebración de las Supercopa en campos del país. Antes incluso de que las salas de cine abrieran tras décadas de prohibición, Andrés Vicente Gómez -el gran productor de nuestro cine- ya recorría los pasillos del reino. Firmó el primer largometraje extranjero rodado en las arenas saudíes y rueda en la actualidad la adaptación de una película española al mercado local a través de la productora Al Maha al Arabi, constituida al cincuenta por ciento con la familia del difunto rey Faisal. Pocos conocen como él los entresijos de los negocios en la cambiante patria de Mahoma. "La industria cinematográfica nació anteayer. Mi proyecto es hacer un par de filmes al año. La próxima década luce muy esperanzadora", murmura.

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