El Madrid ganó por lo que se dice vulgarmente gracias a un "bollo", pero discrepo de los diletantes del Sevilla, que justifican una derrota injusta e incómoda ya que mandaron más en el partido. Sin embargo, nunca fueron absolutamente superiores al Madrid.
Entonces hay que reflexionar y hacer hincapié en la buena idea de Zidane para escaparse del árbol del ahorcado. Como sabe perfectamente que su equipo se parte en el segundo periodo o se desintegra como un minúsculo equipo, decidió cortar espacios, meterse atrás y esperar al Sevilla en su área, porque ya había comprobado que De Jong estaba más en estilo tronco ariete, que Ocampos estaba absolutamente histérico y que Navas acusa la enorme cantidad de partidos que arrastra.
Era una forma inteligente de proteger a sus viejunosKroos - que parecía scarface por los cortes de su cara -, Modric y, sobre todo, Casemiro, para ayudarle en su lentitud. Algún contragolpe tenía que salir.
Y apareció uno. Mendy, que acusa la sombra de Marcelo, centró y Vini hizo su típica jugada de los cómicos del cine mundo. Es decir, ni tiró ni llegó, ni todo lo contrario y Bono hizo la "charlotada" típica de la Maestranza. Se metió el balón en su propia portería. Y se acabó la angustia.
Porque un Lopetegui obsesionado con el Real Madrid no hacía más que cometer error tras error, con cambios inermes, absurdos, que descomponían precisamente la herramientas, las más prácticas rutinas de su conjunto.
La madriditis de Lopetegui es digna de estudio. Reconozco que perder su puesto de ser seleccionador y ser despedido como un mayordomo inútil en Barcelona, puede crear odio eterno, pero no puedes asumir una obsesión con la posibilidad de convertirse en una venganza.
Todo ello genera su propio suicidio futbolístico. Lopetegui se obsesionó con el Madrid y Giroud le hizo un póker. Lejos de recapacitar, se volvió más hipocondríaco con un esperpento táctico. La folie de un desesperado. Una vez más ha dejado al Sevilla como un equipo desnudo y a Monchi en la puerta del infierno.
Hosanna por fin a Zidane , que ha superado este maldito trío de sets por la mímica, del "churro, mediamanga y mangotero " y de equipo pequeño encerrado en las faldas de su propia mediocridad táctica y física.
El desgaste ha sido terrible y Zidane, como maestro del gota a gota chino, deja al Borussia, menos castigado, con el pasillo despejado. Se dice que este triunfo engorda al Madrid, pero que va al degolladero de la Champions.
Lo cierto es que la gran dicotomía es saber si esta sonada victoria puede ser un revulsivo ante dos partidos trascendentales o el canto del cisne de una muerte anunciada. Veremos. Nadie conoce el final. Me recuerda a Hitchcock por toda la trama de suspense.
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