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Qué es un Mundial

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Un Mundial es que tu pareja te mire comprensiva el primer día pero que al cuarto te diga que no entiende qué se te ha perdido a ti en un Túnez-Australia

Qué es un Mundial
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Un Mundial de fútbol es quedar con tus amigos a ver un Qatar-Ecuador como si fuera la final de la Champions. Que el primer día tu mujer te mire comprensiva pero que al cuarto te diga que no puede entender qué se te ha perdido a ti en un Túnez-Australia. Que te pongas metafísico y pienses cuántos Mundiales te quedan de vida: supongamos que tienes 40 años, ¿te quedan diez Mundiales a lo sumo? ¿Once? ¿Cuántos? Un Mundial es que formen parte de tu vida por unas semanas un portero de Camerún que se llama Ngapandouetnbu u otro polaco que se llama Wojciech Szczesny. Y que tu pareja te pille una tarde intentando pronunciarlos frente al televisor, a solas, como si fueras Harry Potter haciendo un conjuro.

Un Mundial es verte un Gales-Irán con un par, y que empaten a cuatro o a cinco, y que haya un delantero iraní que la meta esa tarde de chilena, y que entre tus amigos preguntes encendido al terminar si han visto el Gales-Irán y que ellos te digan que no, y que tú entonces presumas de tipo afortunado y te vengas arriba y les chinches con que se han perdido el mejor partido del torneo, algo irrepetible, la caña el Galés-Irán, chicos. Por la misma razón, un Mundial es sentarte a ver un Corea del Sur-Ghana esperando a que acontezca algo único. Y que tu mujer pase por el salón, mire quién juega y ya no te diga nada. Que entre los máximos goleadores del torneo se meta un delantero centro que luego acaba fichando el Zaragoza o el Elche o el Getafe y que, ya en nuestra liga, parezca el primo del que jugó en Qatar. Que de repente, quién te lo iba a ti a decir, por esas cosas extrañas que pasan en la vida, te veas celebrando un gol de Canadá.

Un Mundial son más tus hijos que tu padre. Sobre todo si tienen entre 12 y 15 años, porque ese es el Mundial que no van a olvidar jamás, el que les abre los ojos: el mío fue el de México '86. Que tengas un hijo que apunta los resultados y los goleadores en un cuaderno como hiciste tú, que se pinte la cara con los colores de la bandera de España y que ,al menos en esos días, a nadie le parezca mal el rojo y el amarillo. Que por fin los españoles vayamos con un árbitro español. Que al principio te atiborres a ver partidos a diario y luego, cuando llegan los cruces, empieces a sentir síndrome de abstinencia y cuentes los días que faltan para el primer cruce de cuartos. Que el himno nuestro lo toquen o muy rápido o muy despacio, pero no igual que aquí.

Un Mundial es montar un debate nacional donde no lo hay. Que los mismos periodistas que escriben que Morata es muy malo porque falló un gol claro en el primer partido luego digan que es la hostia de bueno porque ha tenido la suerte de marcar dos. Un Mundial es una ciudad vacía a la hora señalada y un salón de casa lleno. Un rato sin hablar de bombas. Un descanso de uno mismo.

Un Mundial, no sé si me explico, es un Mundial.

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