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El mayor error de Verstappen

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Verstappen, durante el GP de Brasil.
Verstappen, durante el GP de Brasil.MAURO PIMENTELAFP

Había ocurrido con Sebastian Vettel en la primera época gloriosa de Red Bull, cuando el equipo le consintió al alemán sus decisiones caprichosas en pista. El multi 21 con Mark Webber (palabra clave para cambiar de posición en carrera) provocó un momento grotesco y un enfado monumental del australiano que se mantuvo hasta que se fue del equipo. Se fue porque estaba cansado de que Red Bull se lo permitiese todo a Seb y de que cada día que pasaba él fuera cada vez más número 2.

Lo de Max Verstappen es todavía más descarado. Todo el equipo gira desde hace años alrededor del astro holandés sabedores en Red Bull del talento que atesora. Sin embargo, han cedido demasiado terreno con él y ahora ya resulta difícil pararle. Es una cuestión de jerarquía, de saber quién manda, quién es el macho Alpha de la manada, quién tiene que dar las órdenes y quién tiene que obedecerlas. Algo que debería estar claro para todos, pero no lo está para el bicampeón del mundo. La arrogancia mostrada por Max en Brasil resulta repugnante. La falta de agradecimiento con Checo Pérez es vergonzosa y la indisciplina mostrada cuando le pidieron que dejase pasar al mexicano para potenciar el subcampeonato, inaceptable.

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Su negativa a ceder un sexto puesto resulta irrespetuoso. No importa las razones que pueda tener Verstappen. El equipo te dice que lo hagas y lo tienes que hacer. Con los dos títulos en el bolsillo, gracias, entre otras cosas, a las decisiones que tomó en su momento el equipo en su beneficio y a las ruedas de molino que tuvo que tragarse Checo, es de un egoísmo patético no aceptar la orden. Max es así, su decisión tendrá algunos daños colaterales, pero pocas consecuencias. Seguirá siendo el protegido el próximo año y todo volverá a girar alrededor de él. Checo tragará bilis, pero antes lo hicieron otros: Carlos, Ricciardo... La lista es larga y confirma que el trabajo más difícil y menos agradecido de la Fórmula 1 es el de ser compañero de Max.

Brasil nos dejó está polémica, pero hubo más. La tensión dentro de Alpine es muy alta y la lucha fratricida entre Esteban Ocon y Fernando Alonso por ver quién acaba por delante en el mundial es intensa. No es nueva la actitud agresiva del francés con sus compañeros de equipo, lo sabe bien Checo Pérez que compartió con él pugnas y maniobras inaceptables entre compañeros durante sus años en Force India. Afortunadamente para Alpine, el doble abandono de Mclaren en carrera les ha dejado en bandeja el cuarto puesto en el mundial de constructores. Falta una carrera y entre Ocon y Alonso hay sólo cinco puntos de distancia así que nadie se pierda Abu Dabi. Primero por el morbo de la batalla, pero sobre todo por el rendimiento del coche. El ritmo de Fernando en Brasil fue brutal. De no ser por la falta de fiabilidad del equipo el final de temporada hubiese sido francamente bueno.

Como lo está siendo el de Carlos Sainz. Sí, siguen saliendo algunas cosas mal como tener que sancionar por cambio de motor en los circuitos que vas mejor, o que se te meta una visera en el conducto de ventilación de frenos, pero lo positivo es que él está conduciendo a un nivel altísimo. El que no tuvo en el arranque de temporada en ese proceso de adaptación al coche de 2022 que tanto le costó. Pero ahora Carlos es muy fuerte y este final de temporada donde ha recobrado toda la confianza que le faltaba es un entrenamiento para lo que vendrá en 2023. Si Carlos arranca así el próximo año y Ferrari soluciona todos sus problemas que nadie dude que estará en la batalla por el campeonato.

Por cierto, ganó Mercedes, arrasó George Russell y lo más curioso es que Lewis Hamilton se fue sonriente aceptando un segundo puesto en una carrera que pudo ganar. Qué lección dio el viejo campeón. Colaborador, agradecido y feliz por la primera victoria de su compañero. Qué actitud tan diferente a la que tenía cuando llegó a la Fórmula 1 y su ambición era incontenible. Los títulos y los años le han hecho más zen, más paciente, más calmado, más hombre de equipo. Una metamorfosis que en Verstappen nunca ocurrirá.

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