DEPORTES
Entrevista

José Ramón de la Morena: "Con Clemente y García, había noches que al acabar me sentía sucio y pringoso"

Aunque su familia quería quitarle "la idea del periodismo a hostias", él sabía que ahí estaba su futuro. Y lo estaba. Su futuro y nuestro pasado, aquellas noches pegados a la radio cuando 'El Larguero' y 'Supergarcía' dividían España. Tal vez no fuera ejemplar, pero fue histórico.


De la Morena con su hijo pequeño, en Brunete, este mes.
De la Morena con su hijo pequeño, en Brunete, este mes.E. M.
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José Ramón de la Morena dejó la radio el 30 de junio de 2021. Quince meses dan para mucho y quien fuera durante tantos años rey del deporte y de la noche, inventor y líder de aquella religión que fue El Larguero en los años 90, es un padrazo de 65 años que te cita a las 9.30 de la mañana. Las vidas cambian. Pocas lo hacen de un modo tan bestia.

No son horas, José Ramón.
No te quejes que te podría haber dicho a las 7.30, que es cuando me despierto para llevar al niño al colegio.
Me cuesta imaginarte en estas nuevas rutinas.
Me he adaptado de maravilla. Estoy descubriendo que las mañanas cunden mucho. Como ahora soy horticultor, me da tiempo de hacer las tonterías que a mí me gustan: la huerta, las flores, las gallinas... Leo mucho y dedicó un montón de tiempo a mi Fundación. No me aburro.
¿No añoras la adrenalina?
No, porque he encontrado otras maneras de tenerla. Estoy más agobiado de lo que yo pensaba porque mi Fundación me lleva mucho tiempo, sigo preparando los torneos de niños en Maspalomas y, además, estoy cumpliendo mi objetivo fundamental cuando decidí parar: ser un padre presente. No sé qué pensará mi hijo ahora que tiene año y medio y ya me reconoce de verdad, jugamos, vamos con la bici... Me gustaría que guardase un recuerdo de su infancia con su padre, ya mayorcito, metido en estos líos. Ha nacido con la simpatía que no tiene el padre y esa sonrisa con la que se levanta te abre en canal, te hace ver la vida de otro color.

De la Morena, que ya tenía tres hijos que crecieron cuando él vivía por y para la radio, decidió hacerlo diferente esta vez. Colgó el micrófono y se fue a casa. Sólo me pide dos cosas en la entrevista. Primero, que ponga una foto con el pequeño, que lleva su nombre. Le cuesta elegir una que enviarme, se le cae la baba. Lo segundo sorprende más: "No me dejes muchos tacos. Soy una ametralladora de tacos y me da rabia, porque ahora veo que la gente joven cada vez habla peor y me jode haber contribuido a eso. Sobre todo con ese célebre 'me cago en la puta' tan mío. No quiero parecer Castelar, pero púleme un poco". Pactamos un 10%. Por cuestiones de estilo y fuerza le he dejado más bien el 30%. Espero que no se enfade pues, como pueden atestiguar de José María García a Javier Clemente, el afable señor de Brunete es duro enemigo.

Tanto taco no gustaría nada en los Escolapios de Getafe, esos que hiciste célebres en la radio.
Estuve allí interno siete años y eso te marca. Era duro, muy duro, todo disciplina y autoridad. Me dijo Valdano que todos los que estuvimos internos somos luego unos reprimidos y, en mí caso, llevaba razón. Me daba corte hablar con las tías, sobre todo de determinados temas. Me marcó muchísimo, pero no me dañó. Tengo amigos que cogieron un odio ancestral a la sotana, a mí eso no me pasó. Guardo buenos recuerdos de algunos curas, sobre todo del padre Isidro, que me inculcó la fe del Atleti y me llevó por primera vez al Manzanares a ver al Cagliari de Gigi Riva. Él fue el primero, aunque después iba con mi tío Fernando y mi primo Pedro.
¿De verdad eres del Atleti? Hay quien duda...
Ya, bueno, la gente que dude lo que quiera, pero yo empecé a ver al Atleti con 9 años. Luego, a los 10, empecé a fumar como un descosido, aquellos paquetes de Antillana y Bisonte. Estábamos todo el santo día yendo al baño a darle, hasta que con 13 vi a mi amigo Lorenzo Moya con una tos escandalosa y pensé que aquello tenía mala pinta, así que no volví a fumar en mi vida. Ni una calada a un puro en una boda. En los Escolapios fumábamos por frío, hacía muchísimo y el cigarro nos calentaba las manos.
Mucho que contar a la hora de confesarte.
Sólo nos obligaban a ir a misa los domingos y los viernes venía el padre Nieto a ver quién se quería confesar. Ibas si estabas aburrido. Nos confesaba el Bola, que era sordo y llevaba un aparato, una especie de micrófono. Mi amigo Moya decía que si te acercabas a él y tosías muy fuerte, le bajaba el volumen, ya no oía nada y así le podías soltar todos los pecados seguidos que no se enteraba [risas].
Allí empiezas con el periodismo.
Sí, escribo mis primeras crónicas de fútbol, las de la liga del colegio. Lo mío era vocación pura, nada de mi entorno me empujaba hacia el periodismo. Mi abuelo era secretario del Ayuntamiento, mi padre era secretario del Ayuntamiento, mi tío era secretario del Ayuntamiento y yo estaba predestinado, según ellos, a ser juez. Ese era su sueño. El periodismo era denigrante para ellos, mi abuelo decía a mi padre que me tenía que quitar esa idea a hostias. Y, por si eso no funcionaba, tenía otros planes: "En el último caso, si sigue tan trastornado, hablamos con un amigo coronel y lo metemos en la Guardia Civil". Fue una cosa jodida.
¿Cómo te saliste con la tuya?
Mi padre me obligó a estudiar Derecho, hice año y medio y, a escondidas, me matriculé en Ciencias de la Información en la Complutense. Es que lo vi muy claro y muy pronto. A los 10 años, los Reyes Magos me regalaron un magnetofón Phillips con el que me hacía entrevistas a mí mismo. Preguntaba y respondía. Y en los Escolapios montamos una revista que se llamaba 'Nosotros y nuestras cosas'. Luego con 16 años la trasladé a Brunete y aún tengo alguna por casa, hace poco encontré una en la que entrevistaba a los dos más viejos del pueblo. Aquello me ponía.
¿Cómo pasaste de los ancianos al deporte?
Aunque mi primera entrevista seria fue a Goyo Benito, yo estaba obsesionado con entrevistar a Gárate. Era mi sueño y escribí montones de cartas al Atleti pidiéndolo, pero nada. Por eso acabé mi último programa en la radio entrevistando a Gárate en el Metropolitano, fue cerrar el círculo. Incluso después de tantos años, le miraba con un asombro de niño, mucho más que si estuvieran allí Messi o Cristiano Ronaldo. Te juro que no habría cambiado a ninguno de los dos por José Eulogio esa noche. Llevaba casi 50 años soñando con entrevistarle.
De la Morena entrevista a Gárate en su último programa.
De la Morena entrevista a Gárate en su último programa.

¿Cuál era el camino hasta la radio en aquellos días?
Puerta a puerta. Iba a las redacciones y me ofrecía. Fui a todas menos a la SER, porque eso era el Madrid o el Barça y me venía enorme. La que me dio trabajo fue Radio Intercontinental. Daba un boletín informativo de un minuto a las tres de la tarde. Era horrible, no tenía ningún criterio, leía lo que salía de la máquina de teletipos. Una de las veces cogí uno que decía: "S.A.R. Juan Carlos I ha estrenado un nuevo modelo de helicóptero". Y yo, que era un paleto de cojones, leí: "El sar Juan Carlos I ha estrenado...". Me cayó una bronca gorda y al día siguiente vino Miguel Vila, nuestro jefe, y nos dijo que uno de los dos que estábamos en prácticas se iba a la calle. La radio era de Ramón Serrano Suñer, el cuñado de Franco, y di por hecho que, tras aquella cagada, el despedido era yo, pero echaron a mi amigo Tomás. Resulta que Serrano Suñer había escuchado en el coche su cinta, no le gustó y lo fulminó. Mi cinta no llegó a ponerla.
¿Tomás siguió siendo tu amigo?
Y mi socio. Me pagaban 15.000 pesetas, yo le daba 7.500 y él me traía los apuntes de la facultad. Así acabé la carrera. Luego Luis Sanjurjo me llevó a la COPE, que aún era Radio Popular, para entrar en un grupo que cubría el fútbol local. Yo me puse a hacer lo que más me gustaba, entrevistas, y entrevisté varias veces a [José María] García. En una de esas me dijo que le diera mi teléfono, que igual me llamaba para la SER. Y así fue. Me hizo una prueba [José Joaquín] Brotons y me cogieron para una beca. Luego García me preguntó si me importaría hacer el matinal y así me quedé. Entrando a las 5.30 de la mañana tan feliz. Más adelante empecé a hacer los deportes con Iñaki [Gabilondo] y entraba a las 3.30.
No has tenido un horario de persona civilizada en tu vida.
No, y con aquellas carreteras y aquella niebla, que de Brunete a Madrid no había autovía ni luces. Las pasaba putas. Entraba a las 3.30 y empalmaba dos turnos, hasta las dos de la tarde. A esa hora ya llegaba Roberto [Gómez] con un puro y me decía el cabrón: "¿Qué? Ya nos vamos, ¿no? Ahora a casita a vivir" [risas].
¿Cómo era aquella redacción de la SER donde todos ibais a ser ilustres y la mayoría aún no lo sabía?
Mira, triunfar en la SER no es difícil, porque es el mejor escaparate. Lo importante es la emisora. Si yo hubiera entrado en cualquier otra radio, a lo mejor estaba ahora de jefe de prensa de unos supermercados.
En realidad, lo que acabaste haciendo tampoco era tu trabajo soñado.
No. A mí la radio me volvió loco cuando la probé, pero nunca pensé en dedicarme a ella. Yo quería escribir. Hubiera dado cualquier cosa por ser Belarmo en el Marca o Iñako Díaz-Guerra en el AS.
A ver, José Ramón, seamos serios.
Te lo juro por lo más sagrado. Si a mi me ofrecen quitarme 10 años de vida por hacer lo que hacíais vosotros, los doy gustoso. El AS entraba en el internado porque mi compañero Galán tenía anemia y, como sacaba muy buenas notas, le llevaban cada día un vaso de leche y el AS. Nos peleábamos por leer las crónicas que hacía Sarmiento Birba, sobre todo cuando viajaba. Hablaba de la sopa de goulash y en mi cabeza aquel era el plato más rico del mundo. Lo que me ponía era escribir. Siempre lo fue.
Joserra en sus primeros tiempos en El Larguero.
Joserra en sus primeros tiempos en El Larguero.

¿Y cómo acabaste presentando el programa que transformó la radio deportiva?
Primero, al irse García se quedaron en cuadro y me hicieron un contrato. En la SER entonces no hacía de nómina a nadie hasta que se jubilaba, pero tuve suerte. Ganaba 50.000 pesetillas, pero donde se hacía el dinero era por obra: tantos Hora 25, tantos Carrusel... Todo a 1.250, ahí empecé a hacer dinerillo y a pensar en casarme y esas cosas. El tema es que por la noche probaron a un montón de gente y nada funcionaba: Fernández Abajo, Joaquín Durán, el Loco de la Colina... En eso, PRISA compró la SER y nos dieron a Paquito González, a Chus Galán y a mí, el programa de mediodía, que no lo quería hacer nadie porque preferían irse de comida por ahí.
El célebre periodismo de asador.
Exacto, así que nos lo quedamos los pringaos. Pensé que a las tres de la tarde nuestro público era distinto, muchas más mujeres, amas de casa que estaban con la radio encendida mientras hacían cosas, y que teníamos que hacer un periodismo diferente con un lenguaje más descodificado para llegar al público femenino, que entonces aún no era tan futbolero como ahora. Empezamos a hacer un programa más desenfadado y funcionó. Volvimos loco al pobre Leo Beenhakker, pero funcionó.
¿Qué le hicisteis?
Ramón Mendoza le decía que tenía que poner a Butragueño, pero él quería poner a Hugo Sánchez y andaban con esa guerra. Así que todos los días le preguntábamos por el tema: si ponía a Emilio, que por qué no Hugo; si ponía a Hugo, que por qué no Emilio. Y le sentaba como una patada en la espinilla. Montábamos cada cisco [risas]. Hacíamos un periodismo muy desenfadado y, seguramente, también bastante agresivo. Ahí tuve mi primer enfrentamiento con Clemente.
Pronto empezamos porque eso era 1989, aún no era seleccionador.
No, entrenaba al Atleti. Clemente se había portado muy bien conmigo cuando estaba en el Athletic. El día que quedan campeones en Las Palmas, Ramos Marcos, que era el árbitro, me dijo que si me veía en el césped me echaba del estadio, pero me la jugué. Me dejó Cedrún un chándal y me senté en su banquillo. Clemente me atendió allí mismo y siempre se portó de cojones, pero llega al Atleti justo cuando yo acabo de coger El Larguero. Un día lo mete Lama para entrevistarlo y, en antena, me suelta: "¿Tú qué pintas aquí, chaval? Este país por la noche sólo escucha a José María García". Yo le respondí a la altura del comentario y salimos a hostias. Nos puso la cruz para siempre y empezó la guerra.
¿Es la única en la que no has firmado la paz?
Sí. Fue a peor y a peor hasta llegar a un punto sin retorno. Ninguno de los dos fuimos un gran ejemplo, pero él jamás quiso que acabase y con la selección la cosa se desmadró. Cuando le iban a dar el cargo, desde la RFEF me llamaron para ver si habría opción de juntarnos para arreglar aquello y acepté, porque no tenía intención de estar toda mi vida así. Las guerras empiezan y acaban. Esa misma noche, iba con mis hijos por el parque escuchando Radiogaceta, entró Clemente, [Juanma] Gozalo le preguntó si ya íbamos a llevarnos bien y él dijo: "¡No, no, que se prepare ese tipejo, ahora sí lo va a tener crudo conmigo!". Y ahí acabó ese amago de paz. El resto es una historia vergonzosa que todo el mundo conoce.
Él no ha olvidado.
Ni yo tampoco, aunque en algún momento hubiera aceptado acabar con un conflicto que no hacía bien a nadie. [Manolo] Lama y Paco [González] nunca le perdonaron por la agresión a [Jesús] Gallego en Chicago. A mí aquello me pareció un acto de cobardía, porque a un tío que va con las manos ocupadas no puedes ir a darle una leche, pero hubiera sido capaz de perdonar si él hubiera mostrado algún tipo de arrepentimiento. Hizo lo contrario: fue a más.
En pleno programa en los estudios de la SER en Gran Vía.
En pleno programa en los estudios de la SER en Gran Vía.

¿De verdad os insultabais cuando os cruzabais por los pasillos?
Sí, sí, fue muy feo. Después de todo aquello, hablamos una vez y decidimos parar, incluso le entrevisté alguna vez en un tono civilizado. Entonces, un día me pasan una revista de relojes raros, que me gustan mucho, y allí estaba Clemente dándome otra vez hostias como panes: que si soy mala persona, que si tal, que si cual. Pensé "este tío es idiota" y, aprovechando que pasaba el Pisuerga por Valladolid, le metí otro viaje bastante desagradable en antena. Y ahí se acabó la tregua hasta desembocar en el peor episodio de todos.
¿Cuál?
En la víspera del día de los Santos, estoy en el cementerio, poniendo flores en la tumba de mi padre, y recibo el siguiente mensaje: "Cabrón, ¿por que no te metes con tu puto padre?". Ya tuvo mala suerte de pillarme justo allí y le llamé: "Mira, hijo de la gran puta, dime dónde estás que voy a arrancarte la cabeza". Fíjate qué nivel, me da vergüenza contarlo.
¿Y qué te dijo?
Que estaba en Libia [risas]. Y yo: "Pues eso te salva, cabrón, porque si estás cerca, te reviento". Y allí a gritos hasta que me di cuenta de que era una barbaridad, me pregunté qué estaba haciendo y colgué. El caso es que mira que han pasado años y cada vez que le preguntan me sigue insultando; si es en Euskadi, más. Él me ha hecho todo el daño que ha podido y yo todo el que he podido a él.
Antes de liarnos con Clemente estábamos hablando de cómo te dieron El Larguero.
Sí, estaba haciendo ese programa desenfadado de mediodía, Alfredo [Relaño] vio que a su novia le encantaba el estilo y se lo propuso a Augusto Delkáder, que era el que mandaba y al que yo no tenía acceso. Sólo había hablado con él una vez antes, cuando el Tour de Perico [Delgado] en el 88, que yo me mato a trabajar y tengo la suerte de estar en la habitación de Pedro, que estaba ya en pijama, cuando entran a decirle que puede seguir corriendo pese al célebre probenecid. Di la noticia, me felicitó Augusto y, al volver, es cuando me proponen hacer El Larguero. Ahí empezó todo.
¿Eras consciente de la revolución que liderabas?
No, para nada. Yo era consciente de que trabajaba con gente muy buena. Tenía al lado a Paquito González, a Manolo Lama, a Pepe Domingo Castaño y a [Carlos] Bustillo, que siempre ha sido mi Pepito Grillo. Sabía que hacíamos buena radio, pero no sentía que liderase nada.
Entre Ramón Mendoza y Florentino Pérez.
Entre Ramón Mendoza y Florentino Pérez.

Sin embargo, fue así. En esa España de los 90, sobre todo a raíz de la guerra con Supergarcía, El Larguero representaba la modernidad, era casi una religión entre los jóvenes, había cola cada noche en Gran Vía para ver el programa en directo y cuando salían de gira por España llenaban los mismos recintos que estrellas del pop. En su momento álgido, llegó a tener 1,6 millones de oyentes cada noche. Para ponerlo en perspectiva, El partidazo lidera ahora esa franja con 767.000. Ante la solemnidad y cierto olor a naftalina que desprendía García, Joserra apostó por un estilo cercano, gamberro y costumbrista, desde el "Ra, ra, ra" de la sintonía hasta el tono de sus entrevistas.

¿Por qué decidiste hacerte pasar por el paletillo de Brunete que no eres?
Sí lo soy, sí. Os creéis que lo digo de cachondeo, pero es lo que soy: un paletillo de Brunete. Antes de que me lo digan otros como insulto, que me lo han dicho, prefiero reconocerlo yo con orgullo. La palabra paleto para mí no es peyorativa. Paletos somos los de pueblo y a mucha honra. Siempre he bromeado con ello, aunque alguna vez me salió muy caro.
¿Por?
Cuando iba a la universidad, desde Brunete aún se iba en coche de línea y había un cachondo en el pueblo que siempre nos decía que tuviésemos cuidado al ir para Madrid porque en el Paseo de Extremadura habían puesto una máquina de recoger paletos, que nos quitásemos la boina para no atascarla. Antes de una final de Copa Celta-Zaragoza, entrevisté a un taxista de cada ciudad y, cuando el de Zaragoza me dijo que venía a Madrid con su hijo para el partido, le solté la maldita broma: "Tenga cuidado, que han puesto la máquina de recoger paletos a la altura del Paseo de Extremadura". Madre mía, la que se montó. Estuve sin poder ir a Zaragoza cuatro años y la primera vez que volví llegó un tío con una garrota a enseñarme su máquina de recoger paletos. Acabé pidiendo perdón poniéndome de rodillas con público en el Palacio de Deportes.
Parece una broma que tu descubridor fuera García.
Pues así fue, aunque luego no me hizo ni puto caso [risas]. Él ni se acordaba, hace poco me preguntó: "Oye, ¿es cierto eso de que tú y yo empezamos juntos?". Todo esto era en el 81, él era dios y yo un don Nadie. Todo lo que hice con él fue un Real Madrid-Valencia en el que Luis de Carlos pegó una rajada de la Federación, luego se fue de gira con la selección y de vacaciones, volvió en septiembre y en octubre lo echaron de la SER.
¿De verdad creías que la competencia iba a ser pacífica?
Te lo juro, pero él abrió las hostilidades, seguramente sin necesidad, y yo tampoco me iba a arrugar. Escuché Saludos cordiales [el podcast de Pablo Juanarena en Radio Marca sobre la guerra García-De la Morena] y está muy bien, pero hay cosas que vuelvo a escuchar ahora y me avergüenzo. No voy a repetirlas. Fue brutal, no es el mejor ejemplo del periodismo, pero fue una revolución. Es curioso que algo que estuvo objetivamente mal tuviera semejante impacto y marcase tanto a la sociedad.
La mayoría os veía como los buenos.
Es obvio que hubo un momento ahí de las dos Españas. Yo, desde luego, tenía claro que éramos los buenos, que llevábamos razón, que yo no chantajeaba a nadie para que no hablase con García, jamás amenacé o descolgué un teléfono para vetar a otros. En ese sentido sí sentíamos una superioridad moral y, creo, mucha gente vio que éramos una nueva manera de hacer las cosas, una más civilizada. Aunque luego el comportamiento de todos estuvo lejos de serlo.
¿De qué te arrepientes más?
Dije algunas frases terribles que me avergüenza hasta pensar, meter a las familias... Cuando él se acercó a hacer las paces me dijo: "Hemos sido gilipollas". Y le respondí: "Tú más". Porque él era el fuerte al inicio, si no me ataca, mucha gente no se hubiera enterado de que existía, pero creo que nosotros hacíamos muy buena radio y hubiéramos encontrado nuestro sitio incluso sin esa guerra. Yo me dejaba la vida: entraba en todos los informativos, hacía la Vuelta y el Tour y, luego, El Larguero desde la habitación de Indurain y de Perico. Eso era la leche. Dormía muchísimos días tres horas, no librábamos sábados ni domingos. Vivía por y para eso. Es el trabajo más duro que he hecho y que he visto hacer después de ver segar a mano a los segadores en Brunete.
Joserra y García, en una comparecencia de Gordillo, en 1987.
Joserra y García, en una comparecencia de Gordillo, en 1987.

¿Hablas con García de vez en cuando?
Ahora hace bastante tiempo que no, pero estamos en paz.
¿Tanto os molestó Reyes de la noche, la serie de ficción basada en vosotros? Se os ha vinculado con su cancelación.
Eso no es cierto. A mí no me gustó, pero creo que a él le tiene que molestar más que a mí. Yo no era ese ni mucho menos, no me sentí representado en el personaje absolutamente en nada, pero el retrato de García era muy cruel. Los actores eran muy buenos, pero el guión era horrible.
¿Qué sentiste cuando ganaste la guerra y os convertisteis en líderes?
En esa España desbancar a García parecía un imposible, pero yo nunca me creí nadie especial. Seguir viviendo en Brunete me salvó de las gilipolleces del ego y de que se me subiese a la cabeza, esa ha sido mi gran suerte. En el 95 apenas se usaban los móviles y, el día que salió el EGM, empezó a sonar sin parar el teléfono de casa desde las 8 de la mañana. Aguanté en la cama hasta casi las 10 y, cuando ya lo cogí, me contó Bustillo la película. Me dio alegría, pero, lo siguiente que hice fue irme a comprar un columpio de jardín para las niñas y mirando la pela, que yo no cobraba los mil millones que ganaba García.
Hombre, de sueldos no te puedes quejar.
No, no. Lo que pasa es que a García le cabreaba este tema. Aún me echa en cara que me metía mucho en antena con lo que él ganaba. Me dice: "Bueno, si a ti te pagaban menos, jódete, haber negociado mejor". Y tiene razón [risas].
En ese momento eras una de las diez personas más famosas de España.
¡Qué va! Los que erais jóvenes entonces idealizáis todo aquello, pero no era para tanto. Tenía una popularidad cómoda, pero iba a El Corte Inglés y no me molestaba nadie. Aquel día del liderato, compré el columpio, comí en casa, vi el telediario y me fui a la radio. Ya está.
¿Ni una fiesta ni nada?
Nada, pero al llegar a la SER coincidí con [Alfonso] Azuara y en el ascensor nos encontramos con Javier Agustí, que era quien manejaba los dineros. Me felicita y el cabrón de Azuara, que es como es, le suelta: "Sí, mucho te quiero perrito, pero pan poquito". Y el otro: "Perdón, Alfonso, no sé a qué te refieres". "Pues está muy clarito: mucho te quiero perrito, pero pan poquito". Y así varias veces hasta que logré sacarle del ascensor.

Tenías fama de ser muy buen jefe con muy mal pronto. ¿Es cierto?
Lo del jefe no lo sé, lo del pronto totalmente. Aún lo tengo. He ido mejorando bastante, pero mi mujer dice que sigue ahí y yo la creo.
El fin de los años de gloria de los Deportes de la SER llega en 2010, con el despido de Paco González.
Así fue, eso lo partió todo por la mitad. No sé cómo sería la SER ahora con todos nosotros, pero me hubiera encantado saberlo. Fue una pena muy grande.
¿Nunca te planteaste irte con ellos?
No, eran mis amigos, pero esa no era mi guerra. Paco se va por una discusión muy gorda a raíz del Mundial, pero ya venía caliente por muchos otros temas. Además, ya tenía una oferta muy buena que no sé si hubiera aceptado o no sin la bronca, pero influyó. Lo que sucedió entre la SER y Paco se podía y se debía haber arreglado. Yo me ofrecí a Paco para ello, pero todo se terminó de joder cuando le dan la carta de despido, que fue un disparate. No le dejan entrar al edificio y me lo encuentro abajo, en el portal. El notario que le acompañaba para levantar acta me preguntó que si firmaba y claro que firmé. Paco me dijo: "Tronco, espera, no vayas a meterte en un lío". Y yo: "Vamos, hombre, a estas alturas". En fin, no hubo arreglo posible.
¿Se resintió tu amistad con Paco, Lama, Pepe Domingo y los demás que se fueron?
Sí, porque se publicó una cosa que no era así. Un tipo vino a hacerme una entrevista y, cuando ya habíamos acabado, me preguntó si creía que se hubieran ido de todas maneras. Le dije que sí, que tenían una oferta mejor, y al día siguiente tituló: "No se fueron porque les echaran, se fueron porque tenían una oferta mejor". Eso a Paco le cabreó mucho, con razón, pero yo jamás lo hubiera dicho públicamente en una entrevista en aquel momento, aunque era verdad. Tenían una oferta mejor y Paco estaba hasta las narices porque querían ganar más, eso es evidente. Lo tenían pensado y les salió muy bien. Ya está, la vida es así.
En 2016 eres tú el que se va. ¿Por qué?
Fundamentalmente, por dinero. No solamente para mí, porque al final la SER me intentó igualar la oferta de Onda Cero, sino para mi equipo. Tenía redactores que pasaban de ganar 30.000 a 150.000, les cambiaba la vida. Ellos tuvieron el detallazo de decirme que me quedase, que no me fuera por ellos, pero yo no iba a hacer eso.
¿Cómo llevaste dejar de ser el rey?
Lo tenía asumido, sabía que con El transistor no iba a ser ni número 1 ni número 2. Hay unos límites a lo que un presentador puede mover en la radio. La emisora es lo que manda.
De la Morena, al frente de El Transistor, de Onda Cero.
De la Morena, al frente de El Transistor, de Onda Cero.

¿Sentiste que se te perdía el respeto en esos últimos años?
Sí, un poco. Me sentí abandonado sobre todo por la publicidad, que muchos prometieron y al año desaparecieron, pero no voy a culpar a nadie de ese fracaso, que lo podemos llamar así. El responsable soy yo.
Ahora que llevas un año largo fuera, ¿cómo ves el periodismo deportivo?
Consumo poco. He vuelto a Peter Pan, a El Libro de la Selva y he visto Dumbo cinco o seis veces. Sigo viendo los partidos, eso sí, y descubro que a mi hijo, con un año y ocho meses, le llama la atención el fútbol. Lo llama el "pam" y se sienta conmigo a verlo. Me gusta ese detalle. Valdano siempre se queja de su nieto: "Bah, le echo el balón y ni me lo devuelve, sin embargo está como loco con mi consuegro porque le deja lavar el coche" [risas]. Bueno, pues ahí le gano.
¿No consumes ni por morbo?
Leo prensa, no escucho casi radio y no veo casi nada de tele. De todos modos, antes atacábamos mucho a programas como el Sálvame o el Tomate y yo siempre decía lo mismo: no critiquemos a quien lo hace, critiquemos a quien lo consume. Pues eso es lo que pasa ahora con la tele deportiva. A quien hace programas como El chiringuito, mi máximo respeto. Esto lo explicaba bien Azuara: "Los límites, el Código Civil y el diccionario". Son programas que yo no he visto en mi vida, es gente que no me interesa, pero no los critico porque ellos podrían decirme a mí lo mismo: que no me escuchaban y les parecía un gañán.
¿Cuál ha sido tu momento más feliz haciendo radio?
Mi momento cumbre fue el programa en la mina con Fernando Alonso y Víctor Manuel cantando La planta 14 a 600 metros de profundidad, con los mineros con los ojos empañados. Sentía tanta presión esa noche que no me dio ni miedo ese descenso larguísimo en la negrura más absoluta. Fue muy especial.
¿Y el peor?
Algunas noches, con García o con Clemente, al acabar me subía en el coche para volver a casa y sentía que iba pringoso, sucio, manchado de basura. Eran noches jodidas, aunque viendo lo que hay ahora en la Federación de Rubiales igual no era para tanto. Me da todavía más asco. Esta basura la mantienen los políticos. Se lo dije a Zapatero y me engañó como un bellaco.
¿Con qué?
En la época dura de Villar le dije que esto se solucionaba con unas elecciones democráticas limpias. En el momento en que tu dejas esto en manos de una asamblea es tan fácil como lo que ha hecho Rubiales: compras a 71 de 140, les pones un sueldo y ya está. Sin embargo, dale un voto a cada futbolista, cada licencia, cada árbitro, cada directivo, cada entrenador... Eso no se puede amañar, pero si hay cinco tíos que representan a todos los entrenadores la cosa cambia. Te dicen que es que, entonces, al presidente lo van a elegir los futbolistas porque es lo que más hay. Pues claro, será lo normal, ¿quiénes lo van a elegir si no? ¿Los militares o los curas? Esto se lo dije a Zapatero y me respondió: "Mal presidente seré si no soy capaz de sacar a Villar de la Federación". Y evidentemente, no lo sacó. Años después, Villar me contó que, cuando Zapatero dejó de ser presidente, le dijo que a él le caía muy bien y que si le había tratado mal había sido culpa de José Ramón de la Morena. Hay que joderse...
¿Te han cortejado mucho los políticos?
No, te tienen el respeto mientras estás en un medio de comunicación importante. Lo que les interesa es el medio, no tú.
Bueno, no ha estado mal para un paletillo de Brunete.
[Risas] Ha estado muy bien y me ha permitido acabar en el lugar más cómodo, que es donde estoy ahora mismo, disfrutando de mi hijo. Pero, una cosa, yo no me he jubilado. Sigo siendo periodista y volveré a hacer algo. No sé cuándo ni dónde, pero volveré.

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