CRONICA
Herencia envenenada

La manada de los 1.090 y el taxidermista "en peligro de extinción" de Ros Casares

El profesional que ayudó a embalsamar muchos de los ejemplares de la colección intervenida en Valencia reflexiona sobre el futuro de su arte y nos ayuda, junto a otros expertos, a encontrar las 'joyas' con las que el empresario pretendía abrir un museo

La manada de los 1.090 y el taxidermista "en peligro de extinción" de Ros Casares
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José Miguel Izquierdo dice que forma parte de una especie «en peligro de extinción». El Covid dejó el planeta sin cazadores, y a él sin trabajo en una profesión ya herida de muerte, la de taxidermista. La Guardia Civil acaba de intervenir los 1.090 animales disecados que su amigo, el fallecido empresario Ros Casares, crio durante décadas en una nave industrial en Bétera. Varios de ellos llevaban su firma: «No hay derecho, quería dejarle un legado a Valencia, y se le está tratando como un asesino».

Izquierdo está muy cabreado. Francisco Ros Casares murió en 2014, y ahora el Juzgado de Instrucción número 2 de Liria le pide explicaciones al mayor de sus dos hijos, también Francisco, por esta herencia envenenada: una jungla, un bosque y una sabana de ojos de cristal, interpretados en una nave de 600 metros cuadrados, y valorados en 29 millones de euros. «Es una pena que todas estas piezas no acaben un museo porque se van a estropear», se lamenta el taxidermista.

La operación Valcites fue iniciada por agentes de Europol en noviembre de 2021, y ha concluido con que Francisco podría haber incurrido en un presunto delito de contrabando. «Si trató de venderlos es tonto, porque eso es algo que no se puede comercializar», explica Izquierdo. El imperio siderúrgico que había construido su padre, quien también fuera presidente del Valencia C.F. en los años 70, se desintegró durante la crisis inmobiliaria, entró en concurso de acreedores y, actualmente, está en liquidación con una deuda con la Hacienda pública de 1,2 millones de euros.

Pero Francisco, ex consejero de Bankia, también está acusado de un presunto delito relativo a la protección de flora y fauna. Entre el millar de piezas intervenidas por los agentes, 405 pertenecen a la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres. Las autoridades le piden ahora los papeles de lo que su padre cazó principalmente entre los años 70 y 80 del siglo pasado. Algunos de ellos antílopes africanos extintos como el oryx dammah, o casi extintos como el addax, del que según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) dice que quedan menos de un centenar de ejemplares en su hábitat natural.

UN PERMISO DEL GOBIERNO DE SUDÁFRICA

Otros habitantes de la nave de Bétera se encuentran bajo diversas figuras de protección, como el tigre de bengala, el guepardo, el leopardo, el león, el lince, el oso polar, una pantera de las nieves, o lo que el propio Ros Casares consideraba su joya de la corona, un rinoceronte blanco, del que presumía en 1998 ante las cámaras de Canal 9: «El cazador que se precia de ser un buen cazador mata el animal ya muy adulto, cuando le queda un año o medio año de vida (...) A los que somos cazadores de verdad nunca nos interesaría cazar un animal en edad de reproducción».

Francisco Ros Casares con un rinoceronte blanco.
Francisco Ros Casares con un rinoceronte blanco.CANAL 9

Ros Casares aseguraba entonces haber obtenido un permiso del gobierno del Sudáfrica para cazarlo, a cambio de una sustanciosa suma de dinero, al igual que para el resto de animales que, con el paso de los años, han ido desapareciendo, o se ha restringido su caza por parte de las autoridades. «Los que le conocíamos sabíamos que tenía dinero para enterrarnos a todos, que viajar por el mundo y cazar era su hobby, y que no tenía ningún interés en el furtivismo, porque no tenía ninguna necesidad de meterse en líos», explica José Miguel Izquierdo.

Su rinoceronte blanco sigue siendo hoy, más de dos décadas después, el líder de la caza furtiva, con un valor en el mercado de 337.000 euros. El precio de un kilo de cuerno de rinoceronte hoy ronda los 90.000 euros, frente a los 58.000 del oro; y su principal destino el sudeste asiático, donde se utiliza en medicina tradicional para diversas enfermedades, o para curar la resaca, o simplemente para tener en el salón, como símbolo de estatus.

Entre las piezas intervenidas por la Guardia Civil también se encontraban 198 colmillos de marfil perfectamente empaquetados, cuyo precio en el mercado negro está entre los 45.000 y los 90.000 euros el kilo, y que ahora se han convertido en el principal problema del heredero de Ros Casares para explicar su origen. De hecho se investiga si eran de su padre, o podrían haber sido adquiridos con posterioridad por alguno de sus herederos.

ESCULTORES O ASESINOS

El taxidermista de Ros Casares ve «mucha demagogia» en todo este asunto, que ha puesto su profesión en el punto de mira. Izquierdo se ve como un «artista», en concreto «como un escultor», pero su gremio ha acabado metido en el mismo saco que el de los cazadores, a quien los conservacionistas no dudaban en meter en el mismo saco «que el de los asesinos». Es más, asegura: «Vamos de ecologistas y luego tenemos en Valencia unos pingüinos encerrados, pero no podemos tenerlos disecados, ya me dirás tú cuál es peor». Su propio taller en Manises, recuerda, también fue objeto de intervención de la Guardia Civil hace unos años, ya que su ex socio, ya jubilado y quien también había realizado trabajos para Ros Casares, tenía especies protegidas de las que tuvo dificultades para justificar su procedencia.

El empresario valenciano ya fallecido y su pareja de entonces, otra aficionada a la caza, viajaron a finales del siglo pasado por países como Ucrania, Argentina, Irán o Sudán, a la caza del espécimen más curioso, o más difícil de cazar, o simplemente para multiplicar su colección. «Probablemente estemos ante el legado, sino más grande, el más completo de Europa», cree Izquierdo. Aunque sabes que «muchos de los animales que tenía no los cazó él, es imposible», y se trataba de simples compras a otros cazadores.

Ros Casares quería hacer con todo eso un museo en la Comunidad, y probablemente gracias a la intervención de la Guardia Civil podrá ver cumplido su sueño, ya que se han iniciado los contactos para legar todo el material a algún museo de ciencias naturales. «Y que al menos los ciudadanos puedan verlos, porque hay algunos animales extinguidos que ya no se podrán ver más», lamentó Carlos Domínguez, el teniente de la Guardia Civil que ha coordinado la investigación.

Con medio siglo de experiencia, Salvatore Rabito es uno de los taxidermista de fauna salvaje más importantes de nuestro país, y probablemente del mundo. Tras ver en televisión el botín de Ros Casares, no duda en certificar que se trata «de una colección muy antigua», realizada en su mayoría «antes de los 80», con muchos «defectos técnicos y de conservación». Parte de los ejemplares, completa Izquierdo, eran disecados en destino: «Llenar un tráiler y traérselo ya hecho a España para él no era dinero, es más, allí seguro que le cobraban mucho menos».

UN RINOCERONTE EN UNA MALETA

Lo normal, sin embargo, es traerse la piel tratada del animal. Un rinoceronte entero, por ejemplo, «cabe perfectamente en una maleta», explica Izquierdo, con los cuernos aparte. Otra cosa son los controles para meter el material en el país, para los que, al menos actualmente, «se necesita un montón de papeleo».

Entre los que más llaman la atención de Rabito, tanto a él como a cualquiera, está el elefante que preside la colección. ¿Y quién se lo hizo? «Ese se lo hicieron en España, pero no te voy a decir quién», responde Izquierdo. En toda su carrera, un experto como Salvatore Rabito sólo ha disecado «dos o tres» en nuestro país, y eso que en África se cazan al año más de 30.000 ejemplares. Todos fueron a grandes empresarios, uno de Madrid con medios de comunicación; y otro de Benavente, ambos ya fallecidos.

«Se necesita una técnica muy especial porque tiene unas arrugas muy difíciles de conseguir», apunta Rabito. Su calidad con estos animales convirtió en famosos dentro del gremio a los hermanos Jonas, responsables de disecar elefantes en los años 30 para el Museo de Historia Natural de Nueva York. Para hacer un elefante hacen falta de tres a cuatro meses de trabajo, explica Rabito, y su precio puede alcanzar los 25.000 euros.

La dificultad también es relevante en el caso del cocodrilo, «aunque se trata de un animal que es más habitual de ver entre los coleccionistas». En internet de pueden comprar paquetes para irse a Sudáfrica a matar un cocodrilo y volver en 48 horas por sólo 3.000 euros.

Otros de los que más le llaman la atención es la pantera de las nieves, de las que apenas quedan 4.000 ejemplares en su hábitat natural, que son las montañas de hasta 6.000 metros de Asia Central, principalmente al oeste de China y Mongolia. «Por la técnica se ve que ha tenido que cazarla hace muchísimos años, seguro que antes de los 80, cuando era legal y quedaban muchas más, porque ahora es muy, muy difícil», explica Salvatore Rabito.

La pantera negra con la que contaba Ros Casares «tampoco es corriente» hoy en día, explica Rabito, o los guepardos. De hecho no se ofertan viajes para la caza deportiva de estos animales, cuya presencia de reduce prácticamente al centro y sur de África.

PENE DE TIGRE PARA LA POTENCIA SEXUAL

Entre los más valiosos también se encuentran los tigres, de los que Ros Casares tenía varios ejemplares. Todos ellos ocupan, tras el rinoceronte blanco, el segundo puesto en el ranking de comercio ilegal de especies. Su pene es famoso de nuevo en la medicina tradicional asiática, para aumentar la potencia sexual, y se cotiza por encima de los 400.000 euros el kilo. Aunque la Guardia Civil asegura que uno era de bengala, Rabito lo duda. «Hay muchas granjas privadas, en Texas por ejemplo, en las que se crían especies que muchas veces se creen extintas, y se usan para la caza privada», apunta este experto. En el caso del tigre de bengala, de hecho, tiene constancia de «reservas privadas en Portugal», donde se han vendido y soltado ejemplares para la caza.

Entre la lista de los más cotizados por los furtivos, y que también forma parte del harén animal de Ros Casares, se encuentra el oso polar, aunque hoy en día los cazadores están contratando viajes de diez días a Canadá para disparar contra uno por 30.000 euros. Y eso a pesar de que, según los conservacionistas, en el mundo quedan menos de 25.000. Sin embargo su mayor enemigo, muy por encima de los cazadores, ahora mismo es el cambio climático.

«Las avutardas que aparecen en la colección también habrá que ver los papeles de cuándo son», explica Rabito, ya que su caza empezó a prohibirse en los 80 tras extinguirse de la mayor parte de Europa.

Con la pandemia del Covid prácticamente extinguida, los safaris de caza han vuelto a la programación vacacional de los cazadores, suponiendo aproximadamente el 50% del trabajo de muchos taxidermistas. Aún así, Izquierdo no se plantea regresar al oficio: «Para nada, solo cuando algún amigo me pide el favor, pero como hobby».

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